La legislación europea fija un objetivo de 49,5 g/km de CO₂ de media para 2030. Las marcas que lo superen deberán pagar 95 € por gramo excedido y por coche vendido, lo que puede suponer multas millonarias. Así, muchos fabricantes están abandonando los deportivos de combustión en favor de versiones electrificadas. ¿El problema? Mayor peso, menor emoción y una experiencia de conducción que muchos aficionados consideran artificial.
Los elevados impuestos medioambientales están haciendo que incluso los deportivos más “accesibles” resulten prohibitivos. En mercados como Países Bajos o Francia, un Toyota GR Yaris puede superar los 100.000 euros entre precio y tasas. El Supra, en cambio, ya tiene los días contados en Europa por el mismo motivo: no es rentable mantenerlo en catálogo con semejante carga fiscal.
Con la entrada en vigor de la norma europea GSR2, que impone equipar sistemas avanzados de asistencia a la conducción (ADAS), el GR86 y el BRZ no seguirán disponibles tras 2025. Estos coches fueron diseñados con una filosofía analógica, enfocada en el disfrute puro, pero actualizar su plataforma para cumplir con los nuevos requisitos resultaba inviable.
En 2024, Porsche cesó la comercialización de los 718 en Europa, pero esta vez no por CO₂, sino por no cumplir con la nueva normativa de ciberseguridad de la UE. Adaptar estos modelos a las exigencias legales en conectividad y protección digital no resultaba rentable. Solo las versiones GT4 RS y RS Spyder, con permisos especiales, se mantienen a la venta por tiempo limitado.
Aunque el MX-5 sigue en producción, su versión más potente de 2.0 litros ha sido retirada del mercado europeo, dejando únicamente el motor 1.5 en oferta. La decisión responde a la necesidad de ajustar las emisiones medias de la gama, una estrategia que ya han seguido otros fabricantes con versiones deportivas de sus modelos estrella.
Honda ha confirmado que el Civic Type R dejará de venderse en Europa debido a que no cumple con las últimas exigencias de emisiones. Bajo una declaración diplomática de “ajuste normativo”, el fabricante japonés reconoce que las leyes medioambientales europeas han hecho inviable la continuidad del modelo, a pesar de su excelente rendimiento y aceptación entre los puristas.
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