El eléctrico de Nissan sufre por el avance veloz de la tecnología de baterías. Aunque pierde menos dinero en términos absolutos, el porcentaje de depreciación es muy alto.
Otra vez aparece BMW: la complejidad mecánica del sistema híbrido sumada a los costos típicos del segmento premium reduce su atractivo como usado.
El SUV eléctrico de Jaguar fue pionero en su segmento, pero quedó rezagado frente a rivales más modernos. La tecnología y autonomía superadas explican gran parte de su fuerte caída de valor.
El sedán insignia de BMW ofrece lujo y tecnología de punta, pero los costos de mantenimiento y reparación asustan en el mercado usado, acelerando su depreciación.
Aunque sigue siendo un símbolo de la movilidad eléctrica de Tesla, su falta de rediseños profundos y la rápida evolución del mercado EV afectan su valor de reventa.
El gran SUV de lujo de Infiniti pierde valor rápidamente por su consumo elevado y porque nuevos competidores ofrecen tecnología más actual.
El sedán italiano de Maserati deslumbra por diseño y exclusividad, pero su mantenimiento caro y reputación de confiabilidad irregular golpean fuerte su precio de reventa.
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