El Chevrolet SSR llegó al mercado conservando prácticamente intacto el diseño del prototipo que lo inspiró. Su carrocería de estilo retro, el techo rígido retráctil y su peculiar configuración de pickup descapotable lo convirtieron en un vehículo único. Aunque sus ventas fueron discretas, demostró que Chevrolet estaba dispuesta a apostar por propuestas realmente diferentes.
El Plymouth Prowler pasó del concept car a la producción sin apenas modificaciones. Sus ruedas delanteras descubiertas, las llamativas proporciones de su carrocería y su construcción en aluminio hicieron de este modelo uno de los coches estadounidenses más atrevidos de los años noventa. A día de hoy sigue siendo un icono del diseño inspirado en los clásicos hot rods.
La undécima generación del Ford Thunderbird, presentada en 2002, recuperó el espíritu del modelo original con un diseño muy fiel al prototipo del que derivaba. Su combinación de líneas clásicas y tecnología moderna dio forma a un elegante roadster de lujo que, pese a su corta vida comercial, sigue destacando por su personalidad.
El Chrysler Crossfire conservó la espectacular silueta fastback y las marcadas formas de su concept original. Desarrollado sobre una base mecánica de Mercedes-Benz, ofrecía una imagen muy distinta a la de cualquier otro coupé deportivo de su época. Hoy continúa siendo uno de los diseños más singulares que Chrysler llevó a producción.
El Buick Reatta apostó por unas líneas limpias y un interior cargado de tecnología que reflejaban las tendencias de los prototipos de finales de los años ochenta. Su fabricación prácticamente artesanal y la incorporación de controles digitales reforzaban su carácter innovador. Aunque nunca alcanzó una gran popularidad, es uno de los modelos más originales de la historia de Buick.
El Cadillac XLR trasladó a la producción muchas de las formas angulosas vistas en los prototipos de la marca. Equipado con techo duro retráctil, abundante tecnología y un diseño futurista, ayudó a consolidar el nuevo lenguaje estético de Cadillac durante la década de los 2000, aunque nunca recibió el reconocimiento que merecía.
El Dodge Magnum mantuvo la presencia musculosa y las proporciones agresivas que ya habían adelantado los prototipos de Dodge. Su combinación de una carrocería familiar con la posibilidad de montar un motor Hemi V8 ofrecía una propuesta muy diferente dentro del mercado. Su estética continúa conquistando a los aficionados años después de su desaparición.
El Isuzu VehiCROSS llegó a producción con un diseño prácticamente idéntico al de su concept car. Sus marcados pasos de rueda, las compactas dimensiones y un eficaz sistema de tracción total le otorgaban una personalidad única frente a cualquier SUV convencional. Su limitada producción ha contribuido a convertirlo en una auténtica pieza de colección.
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