El Holden Commodore SS VT Series II introdujo el motor LS1 de 5,7 litros en esta familia deportiva a partir de 1999. Con aproximadamente 306 CV, el V8 de bloque de aluminio ofrecía una mejora considerable frente al anterior motor V8 de 5,0 litros. Su combinación de tracción trasera, carrocería familiar y sonido contundente lo convirtió en una opción muy atractiva para los aficionados australianos. En las posteriores versiones VX y VY, la potencia aumentó hasta unos 320 CV.
El Commodore SS VZ dio un salto de rendimiento con la llegada del V8 de 6,0 litros L76 en 2006. Las primeras versiones equipadas con el LS1 alcanzaban aproximadamente 335 CV, mientras que el nuevo propulsor elevó la potencia hasta unos 398 CV. Según la configuración, podía combinarse con un cambio manual Tremec de seis velocidades o una transmisión automática de cuatro marchas. Esta evolución convirtió al sedán australiano en una alternativa especialmente interesante para quienes buscaban prestaciones de alto nivel sin renunciar a cuatro puertas.
El Cadillac CTS-V de primera generación utilizó el V8 LS6 de 5,7 litros procedente del Corvette Z06, con 400 CV y 536 Nm de par. Desarrollado para competir con las berlinas deportivas alemanas, este modelo apostó por una puesta a punto enfocada en el comportamiento dinámico. La tracción trasera y el cambio manual de seis velocidades reforzaban su carácter deportivo, mientras que su diseño anguloso lo diferenciaba de los Cadillac más orientados al confort.
El Chevrolet Impala SS de 2006 a 2009 destacó por una configuración poco habitual: un V8 LS4 de 5,3 litros instalado transversalmente y asociado a la tracción delantera. Con 303 CV y 438 Nm de par, ofrecía una aceleración contundente para una berlina familiar de su época. La transmisión automática de cuatro velocidades era la única disponible. Aunque el elevado par podía provocar reacciones en la dirección al acelerar con fuerza, el Impala SS demostró que un V8 también podía impulsar un sedán de tracción delantera.
El Pontiac Grand Prix GXP utilizó el mismo V8 LS4 de 5,3 litros que el Impala SS, pero incorporó modificaciones para mejorar su comportamiento. Sus neumáticos delanteros más anchos, la suspensión Bilstein y una barra estabilizadora trasera más rígida buscaban reducir el subviraje y controlar mejor las reacciones de la tracción delantera. Con 303 CV y cambio automático de cuatro velocidades, combinaba prestaciones contundentes con una carrocería de aspecto deportivo.
El Buick LaCrosse Super convirtió el V8 LS4 de 5,3 litros y 303 CV en el protagonista de una berlina centrada en el confort. Frente a sus parientes de Chevrolet y Pontiac, ofrecía un interior más refinado, asientos de cuero y soluciones destinadas a reducir el ruido del habitáculo. Su planteamiento no buscaba tanto la conducción deportiva como disponer de una reserva de potencia para adelantar y viajar por carretera con comodidad.
El Pontiac G8 GT y el G8 GXP llevaron la fórmula del sedán V8 australiano al mercado estadounidense. El GT montaba un V8 L76 de 6,0 litros con aproximadamente 361 CV, mientras que el GXP incorporaba el LS3 de 6,2 litros, capaz de desarrollar 415 CV y 563 Nm. La tracción trasera, el chasis equilibrado y la posibilidad de elegir un cambio manual de seis velocidades en el GXP lo convirtieron en uno de los sedanes deportivos más interesantes de Pontiac antes de la desaparición de la marca.
La generación VE del Holden Commodore SS llegó en 2006 con un diseño completamente renovado y un V8 LS de 6,0 litros L98. Con unos 362 CV y 530 Nm de par, esta berlina de tracción trasera podía acelerar de 0 a 100 km/h en aproximadamente 5,7 segundos. También ofrecía un cambio manual de seis velocidades, mientras que las versiones automáticas recibieron distintas evoluciones mecánicas a lo largo de su vida comercial.
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