El MG 18/100 Tigress MkIII nació en 1930 como un coche de competición homologado para carretera, una propuesta muy avanzada para su época. Sin embargo, su motor de seis cilindros y 2,5 litros no alcanzó los 100 CV prometidos por la marca, lo que limitó su rendimiento. Su mala actuación en Brooklands y una producción de apenas cinco unidades condenaron a este modelo a convertirse en uno de los mayores fracasos deportivos de MG.
El MG TA llegó en 1936 tras la integración de la marca en Morris Motors, una operación que generó tensiones internas. Muchos trabajadores y seguidores de MG criticaron la utilización de un motor derivado del Morris 10, pero los compradores valoraron aspectos como su precio competitivo, una cabina más espaciosa y una mayor comodidad para viajar. Con el tiempo terminó convirtiéndose en uno de los MG más representativos de la preguerra.
Presentado en 1948, el MG YT Tourer pretendía ofrecer una alternativa más práctica a los tradicionales roadster de la marca. Sin embargo, su diseño fue criticado por resultar demasiado pesado visualmente y poco deportivo. La mayoría de las 877 unidades fabricadas se exportaron a Australia, mientras que en otros mercados pasó prácticamente desapercibido pese a ser más ligero y rápido que la berlina Y-Type de la que derivaba.
El MG TD fue un auténtico éxito de ventas durante los años cincuenta y se convirtió en el MG de la serie T más vendido de todos los tiempos. Sin embargo, con el paso de los años quedó eclipsado por el encanto clásico del TC y la estética más refinada del TF. A pesar de ello, incorporó importantes avances técnicos como dirección de cremallera y suspensión delantera independiente, elementos muy avanzados para la época.
El MGA Twin Cam parecía destinado a competir con algunos de los mejores deportivos europeos de finales de los años cincuenta. Su motor de doble árbol de levas permitía acelerar de 0 a 100 km/h en apenas 9,1 segundos y alcanzar 113 mph. Sin embargo, diversos problemas de fiabilidad afectaron a su reputación y limitaron sus ventas a solo 2.111 ejemplares, convirtiéndolo en una rareza muy apreciada actualmente.
El MG Magnette MkIII formó parte de la familia de berlinas Farina desarrolladas por BMC. Aunque ofrecía una mecánica solvente y un interior espacioso, su diseño resultó controvertido y su comportamiento dinámico fue criticado por una excesiva inclinación en curva. Con el avance de la década de 1960, su estética quedó rápidamente desfasada y el modelo perdió gran parte del atractivo que había tenido inicialmente.
Los MG 1100 y 1300 fueron concebidos como alternativas deportivas y prácticas para conductores que necesitaban más espacio que el ofrecido por un Mini Cooper. Aunque registraron cifras de producción muy respetables durante los años sesenta, su lanzamiento coincidió con la llegada del legendario MGB Roadster, que acaparó gran parte de la atención. Con el paso del tiempo, estos modelos fueron quedando en el olvido pese a su importancia histórica.
El MGC nació en 1967 como una versión más potente del popular MGB gracias a la incorporación de un motor de seis cilindros y 2,9 litros. Sin embargo, los problemas de puesta a punto durante su presentación a la prensa perjudicaron gravemente su imagen. Aunque posteriormente se solucionaron muchas de sus deficiencias, la producción finalizó en 1969 tras fabricar apenas 9.009 unidades, dejando la sensación de que nunca tuvo una oportunidad real.
El MGB GT V8 es considerado actualmente uno de los mejores deportivos producidos por MG, pero su lanzamiento coincidió con la crisis mundial del petróleo de 1973. Equipado con un motor V8 de 3,5 litros de origen Rover, ofrecía prestaciones sobresalientes para la época, con una velocidad máxima cercana a las 125 mph. Sin embargo, su elevado precio y una estética demasiado similar a la versión convencional limitaron sus ventas a solo 2.591 unidades.
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