El 570S de McLaren Automotive fue la puerta de entrada a la marca. Algunos ejemplares se deprecian por dudas de fiabilidad, aunque su chasis de carbono y baja producción podrían estabilizar valores a largo plazo.
El AMG GT de Mercedes-Benz ofrece rendimiento serio, pero los deportivos de lujo suelen perder valor tras el entusiasmo inicial. Costos de mantenimiento y nuevas generaciones influyen fuerte.
El i8 de BMW parecía el futuro, pero la transición hacia EV puros lo dejó en tierra de nadie. Sigue siendo llamativo, pero su valor cayó con rapidez.
El GT-R de Nissan mantiene prestigio, pero las constantes actualizaciones hacen que versiones anteriores pierdan atractivo. No se desploma como otros, pero tampoco es inversión segura.
El R8 de Audi sufrió cuando llegaron los V10. Los V8 quedaron como versiones “de entrada”, y en el mercado usado eso se traduce en depreciación acelerada.
El F-Type R de Jaguar apostó a ser un ícono moderno, pero el mercado castiga a los deportivos emocionales cuando pasan los años. Su estilo impacta… su valor no tanto.
El Continental GT ayudó a Bentley a vender más que nunca, pero justamente esa mayor producción redujo su exclusividad. Los sistemas tecnológicos envejecen rápido y eso impacta en el precio usado.
El DB9 de Aston Martin ofrece V12, lujo y presencia, pero los costos de mantenimiento y tecnología envejecida lo castigan en reventa. Es un auto emocional, no financiero.
El Maserati GranTurismo seduce por sonido y elegancia, pero históricamente su valor cae fuerte con los años. Producción larga, mantenimiento caro y demanda limitada hacen que muchos pierdan más de la mitad del precio inicial tras algunos años.
Relacionadas
2018 Miami Auto Show, recorrido con lo más destacado
Le damos una vuelta rápida al #Autoshow de Miami. Después de la pausa...