En un campus de Monterrey ya circula un minibús que rebasa camiones estacionados, vigila sus puntos ciegos y frena por completo ante la luz roja sin que nadie toque el volante. No es un prototipo importado: es desarrollo mexicano, y acaba de recibir un nuevo impulso.
Geely Auto México y el Tec de Monterrey firmaron una alianza mediante la cual la armadora china aporta 4 millones de pesos y unidades de su eléctrico EX5 EM-i al programa BloomDrive Intelligence, la iniciativa de la Escuela de Ingeniería y Ciencias dedicada al transporte inteligente.
La meta de fondo: que hacia 2035 exista una comunidad latinoamericana donde los autos y la infraestructura urbana se comuniquen entre sí.

Los sistemas de conducción autónoma que hoy dominan los titulares fueron entrenados en avenidas ordenadas de Estados Unidos, Europa o China. El tráfico latinoamericano -con sus peatones impredecibles, vendedores entre carriles y reglas no escritas- es otro planeta.
Ahí radica el valor diferencial de este programa: estudiantes, egresados, profesores e investigadores de posgrado del Tec trabajan sobre vehículos reales, con libertad para desmontarlos, analizarlos y reprogramarlos, calibrando los algoritmos frente a la cultura vial de la región.
El resultado buscado son autos más seguros en las situaciones de estrés que cualquier conductor mexicano conoce de memoria.
La cifra -equivalente a unos 200 mil dólares- funciona como capital semilla para un proyecto muy concreto, no como una inversión industrial. El dinero se aplicará en dos frentes:
Ambos elementos son la base de la comunicación V2I (vehicle-to-infrastructure), el estándar tecnológico con el que un vehículo «dialoga» con la ciudad.
En la práctica, esto se traducirá en tableros que muestren al conductor cuántos segundos faltan para la luz verde, cruces capaces de anticipar accidentes y un flujo vial más ágil sin intervención humana.
«En Geely creemos que el futuro de la innovación se construye a partir del talento de los jóvenes«, declaró Bryan Wu, director general de Geely Auto México, quien calificó el acuerdo como «un hito» para la compañía en el país y «un paso más» hacia su consolidación como impulsor de la movilidad eléctrica.

El programa no parte de cero. El Tec suma dos plataformas autónomas funcionales que ahora se fortalecen con el respaldo de la armadora:
Entre los estudios del grupo de investigación hay uno con implicaciones directas para cualquier comprador de un EV: el análisis de degradación real de baterías.
La conclusión es contundente: el ciclo urbano de aceleraciones y frenados constantes desgasta las celdas mucho más rápido que el rodaje sostenido en carretera. Y hay un umbral clave: cuando la batería cae al 80% de su Estado de Salud (SOH), termina su vida útil óptima.
Traducido a números cotidianos, un auto que estrenó con 400 kilómetros de autonomía rondará entonces los 320, y a partir de ahí el deterioro se acelera hasta que las celdas deben reciclarse.
Conocer ese comportamiento bajo condiciones mexicanas permite a los fabricantes diseñar baterías y sistemas de gestión más resistentes a nuestro estilo de manejo, algo que ningún laboratorio en Shanghái o Stuttgart puede replicar con fidelidad.

El músculo detrás del acuerdo no es menor. La marca llegó al país en noviembre de 2023 y en poco más de dos años construyó una red de más de 80 distribuidores con un portafolio de 11 modelos entre combustión y nuevas energías.
En el primer semestre de 2026 reportó ventas por 23,151 unidades. En el terreno ambiental, la compañía se había fijado reducir 25.5% sus emisiones de carbono hacia 2025, con la neutralidad climática total como meta para 2045.
El proyecto es tangible -el minibús circula, «El Fantástico» ya cruzó medio país-, pero conviene el matiz analítico. Cuatro millones de pesos alcanzan para un piloto de semáforos inteligentes, no para transformar una metrópoli, y México aún carece de un marco legal que permita a un vehículo autónomo circular por calles públicas. Que esta alianza trascienda el campus dependerá de que lleguen más capital y regulación.
Aun así, la lógica del acuerdo apunta en la dirección correcta: formar ingenieros locales antes que solo vender autos, y construir independencia tecnológica en lugar de importar software que no entiende nuestras avenidas.
Si las ciudades inteligentes van a dejar de ser maquetas de exposición para volverse cotidianidad latinoamericana, será por proyectos como este.