El Jensen Interceptor GTX es mucho más que un ejercicio de nostalgia. El nuevo modelo recupera el nombre del elegante gran turismo británico fabricado entre 1966 y 1976, pero lo lleva directamente al siglo XXI con una combinación de carrocería artesanal, tecnología de competición y un espectacular motor V8 sobrealimentado. David Duerden, responsable de Jensen International Automotive, lo define como un prototipo completamente funcional y una demostración de lo que la compañía es capaz de hacer. Si existe suficiente interés, el GTX podría abrir el camino a dos versiones de carretera: los futuros GTR y GT.
El diseño mantiene algunos de los rasgos más reconocibles del Interceptor original, especialmente la zona posterior y la característica proporción entre el salpicadero y el eje delantero. Sin embargo, el frontal adopta un lenguaje completamente moderno, con faros LED, una parrilla estilizada y grandes entradas de aire, mientras que la carrocería está fabricada artesanalmente en aluminio por Coventry Metalcraft. El chasis también recurre al aluminio mediante una estructura de extrusiones unidas y remachadas, una solución que permite modificar el vehículo con mayor facilidad que una estructura de fibra de carbono y resulta más adecuada para una producción extremadamente limitada.
El apartado técnico está a la altura de su imagen. El GTX incorpora suspensión multibrazo de aluminio en ambos ejes, amortiguadores Nitron ajustables en tres vías, dirección de cremallera hidráulica y un sistema de frenado desarrollado por BG Developments con pinzas AP Racing. Detrás se encuentra una transmisión transaxle secuencial de seis velocidades de Samsonas Motorsport y un diferencial Wavetrac que busca maximizar la tracción. Las ruedas forjadas de 20 pulgadas y determinados elementos aerodinámicos de fibra de carbono completan una configuración concebida para disfrutar en circuito, no para perseguir homologaciones de competición.
La verdadera protagonista está bajo el capó. El Jensen Interceptor GTX utiliza un V8 sobrealimentado de 6,8 litros desarrollado por Late Model Engines a partir de la arquitectura LT5 del Chevrolet Corvette C7 ZR1. Apenas el 20 % de sus componentes proceden directamente de General Motors, ya que el propulsor incorpora bloque modificado, cigüeñal y bielas forjados, culatas mecanizadas por CNC y válvulas de titanio. El motor puede alcanzar las 7.000 rpm y está gestionado por una electrónica Motec de competición, mientras que para el GTX su potencia queda limitada a unos impresionantes 960 CV y 1.000 lb-pie de par.
Aunque incorpora jaula de seguridad homologada por la FIA, asientos de competición Tillett, arneses de seis puntos y sistema de extinción Lifeline, el GTX no ha sido diseñado para competir bajo las normativas FIA de GT2, GT3 o GT4. Su objetivo es diferente: convertirse en un juguete exclusivo para propietarios que buscan algo extremadamente rápido y especial para sus jornadas de circuito. Con un precio estimado de 1,2 millones de dólares, neumáticos Michelin Pilot Sport 4S con dibujo y una filosofía centrada en el disfrute al volante, Jensen no pretende ganar décimas frente a un coche de carreras convencional.
El GTX funciona, sobre todo, como una prueba de concepto para comprobar si existe mercado suficiente para una nueva generación del Interceptor. Según Duerden, alrededor del 80 % del diseño exterior se mantendría en los futuros modelos de calle, mientras que determinados elementos podrían modificarse para hacerlos más apropiados para carretera. La transmisión secuencial podría sustituirse por una caja de doble embrague de ocho velocidades y el enorme paquete aerodinámico desaparecería en las versiones GTR y GT. Si el proyecto consigue atraer compradores, el GTR de altas prestaciones sería el primero en llegar, seguido por un GT más lujoso y preparado para cuatro ocupantes.
El regreso del Jensen Interceptor, por tanto, todavía no está asegurado. El GTX es un prototipo funcional creado para demostrar que el concepto es técnicamente viable y medir el interés de posibles clientes. Si la respuesta es positiva, Jensen podría recuperar definitivamente uno de los nombres más carismáticos de la automoción británica, aunque esta vez con un planteamiento de ultralujo y producción artesanal. El resultado sería un GT muy alejado de los deportivos de gran volumen: 960 CV, construcción manual, tecnología de competición y una exclusividad extrema para quienes quieran algo realmente diferente.
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