Con el final del año modelo 2025, Kia puso punto final a la historia del Soul en Estados Unidos tras vender más de 1,5 millones de unidades desde su lanzamiento. El último Soul LX salió al mercado con un precio de 20.490 dólares antes de impuestos y gastos de entrega, convirtiéndose en una de las últimas oportunidades para comprar un coche nuevo realmente asequible. Equipado con un motor atmosférico de 2.0 litros y 147 CV, el modelo destacaba por su amplio espacio interior, una carrocería compacta y una practicidad que pocos rivales podían igualar.
Aunque el Soul fue uno de los grandes éxitos de Kia durante años, su popularidad fue disminuyendo progresivamente. Pasó de superar las 147.000 unidades vendidas en 2015 a poco más de 50.000 en 2025, una caída que reflejó el cambio de preferencias del mercado hacia los SUV tradicionales. Sin embargo, el Soul seguía ofreciendo una combinación única de tamaño reducido, techo alto y gran capacidad de carga, características que muchos conductores siguen echando de menos tras su desaparición definitiva de los concesionarios.
Actualmente, el Kia K4 Sedán ocupa el lugar del modelo más económico de la marca con un precio de partida de 22.290 dólares, mientras que el K4 Hatchback comienza en 24.990 dólares. Aunque ambos utilizan un motor similar al del Soul, ninguno consigue replicar su versatilidad. Por otro lado, el futuro EV3 promete convertirse en el nuevo referente eléctrico de acceso de Kia, con hasta 515 kilómetros de autonomía y un diseño más moderno, pero su precio estimado de entre 30.000 y 35.000 dólares lo sitúa muy lejos del público que buscaba un coche realmente asequible.
La desaparición del Soul convierte al mercado de ocasión en la mejor alternativa para quienes desean conservar ese concepto de vehículo práctico y económico. Modelos de 2024 y 2025 pueden encontrarse por unos 18.700 dólares, dependiendo del kilometraje y el equipamiento, manteniendo además parte de la garantía oficial en determinadas unidades certificadas. Todo apunta a que el Kia Soul no tendrá un sucesor directo, dejando claro que la industria apuesta por vehículos más caros y rentables, incluso si eso significa abandonar uno de los compactos más queridos de las últimas dos décadas.