Los Toyota RAV4 y Honda CR-V fabricados en Canadá pierden la oportunidad de pagar menos aranceles en ...

El fracaso de las negociaciones entre Estados Unidos y Canadá mantiene los aranceles sobre vehículos fabricados al ...
23/08/2026

Franco Nahuel Rios

El fracaso de las negociaciones entre Estados Unidos y Canadá mantiene los aranceles sobre vehículos fabricados al norte de la frontera, una situación que afecta a modelos tan populares como el Toyota RAV4 Hybrid y el Honda CR-V.

Las negociaciones entre Estados Unidos y Canadá terminaron sin acuerdo justo cuando ambos países intentaban reducir la presión arancelaria sobre sus industrias. El resultado es que los vehículos fabricados en Canadá siguen expuestos a unas condiciones comerciales más duras, mientras la disputa amenaza con encarecer todavía más algunos modelos vendidos en Estados Unidos.

La situación afecta especialmente a fabricantes con importantes centros de producción en Ontario. Entre ellos aparecen Toyota y Honda, que fabrican allí modelos destinados al mercado estadounidense. El Toyota RAV4 Hybrid, el Honda CR-V y el Chevrolet Silverado forman parte de los vehículos que pueden verse afectados por la evolución de estas medidas comerciales.

Los coches canadienses se quedan sin la rebaja esperada

Estados Unidos y Canadá habían negociado una posible reducción de los aranceles aplicados a determinados productos procedentes del país vecino. Una de las propuestas contemplaba reducir hasta el 15% los aranceles sobre vehículos fabricados en Canadá, frente a las condiciones actuales.

Para los fabricantes, una rebaja de este calibre habría permitido reducir parte de la presión sobre los costes de producción y distribución. Eso no significa necesariamente que los concesionarios fueran a trasladar todo el ahorro al comprador, pero sí habría reducido la necesidad de subir los precios de los vehículos nuevos para compensar el impacto comercial.

La disputa comercial ya está provocando decisiones industriales importantes. Stellantis, por ejemplo, había contemplado producir la próxima generación del Jeep Compass en su planta de Brampton, Ontario, pero la evolución de los aranceles complicó el proyecto y terminó trasladando esa producción a Illinois.

El caso demuestra cómo las decisiones políticas pueden modificar rápidamente los planes de los fabricantes. Una fábrica que durante décadas ha producido vehículos para todo Norteamérica puede perder competitividad si transportar esas unidades al mercado estadounidense implica asumir un coste adicional considerable.

Canadá también prepara una respuesta

El Gobierno canadiense ha advertido de que responderá a los nuevos aranceles estadounidenses con medidas equivalentes. El primer ministro Mark Carney ha planteado una represalia dólar por dólar, además de nuevas iniciativas destinadas a proteger a trabajadores y empresas del país.

La nueva ronda de aranceles estadounidenses, que entró en vigor el 22 de agosto, afecta a productos canadienses por un valor aproximado de 20.000 millones de dólares. Entre los sectores incluidos aparecen productos como madera contrachapada, bebidas alcohólicas, equipamiento eléctrico y artículos relacionados con el hockey.

Para Toyota y Honda, el problema va más allá de un simple incremento administrativo. Los vehículos fabricados en Canadá forman parte de una cadena de producción norteamericana profundamente integrada, en la que piezas y componentes cruzan las fronteras varias veces antes de que un coche llegue al concesionario.

El RAV4 y el CR-V son especialmente relevantes porque se encuentran entre los SUV más populares de sus respectivos fabricantes. Cualquier incremento significativo en los costes de importación puede terminar repercutiendo sobre los márgenes de los fabricantes, los concesionarios o, en última instancia, el precio que paga el consumidor estadounidense.

Los coches eléctricos chinos también complican el tablero

A la disputa entre Washington y Ottawa se suma otro frente relacionado con los vehículos eléctricos. Estados Unidos ha criticado que Canadá permita la entrada de hasta 49.000 vehículos eléctricos fabricados en China al año con un arancel reducido del 6,1%.

Esa política podría facilitar la llegada de fabricantes como BYD o Geely al mercado canadiense y, al mismo tiempo, ofrecer a Tesla la posibilidad de comercializar en Canadá modelos fabricados en su planta de Shanghái a precios inferiores a los disponibles en Estados Unidos. El automóvil vuelve así a convertirse en una pieza estratégica dentro de una batalla comercial mucho más amplia.

El problema para los fabricantes es que Norteamérica funciona como un único ecosistema industrial, pero las decisiones arancelarias pueden convertir una frontera relativamente invisible para la producción en un coste enorme. Toyota y Honda necesitan mantener competitivas sus fábricas canadienses, mientras Washington busca proteger su propia producción.

La situación también demuestra por qué los fabricantes están acelerando la localización de determinadas producciones. Si los aranceles permanecen elevados durante años, modelos actualmente fabricados en Canadá podrían acabar produciéndose en Estados Unidos para evitar costes adicionales, igual que ya ha ocurrido con otros proyectos de Stellantis.

El precio final será la clave para los compradores

Por ahora, los compradores estadounidenses de un RAV4 o un CR-V no tienen por qué asumir automáticamente una subida equivalente al arancel. Los fabricantes disponen de diferentes herramientas para absorber parte del impacto, desde reducir márgenes hasta modificar la distribución de producción y componentes.

Sin embargo, la ausencia del acuerdo comercial elimina una oportunidad para aliviar los costes de estos vehículos. Si la guerra arancelaria continúa y Canadá responde con nuevas medidas, Toyota, Honda y otros fabricantes tendrán que decidir si trasladan el aumento al precio final o reorganizan su producción. Y en un mercado donde los SUV compactos son protagonistas absolutos, esa decisión puede terminar afectando a millones de compradores.

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