Tesla quiere que su nuevo Roadster vuele con tecnología de SpaceX: lo que la física permite y ...

El deportivo eléctrico de Tesla podría incorporar propulsores de gas a presión capaces de ayudar en las ...
14/10/2026

Rancez Damian

El deportivo eléctrico de Tesla podría incorporar propulsores de gas a presión capaces de ayudar en las aceleraciones e incluso elevar el coche brevemente, pero volar por carretera es otra historia.

El próximo Tesla Roadster con el paquete SpaceX aspira a convertirse en uno de los coches más sorprendentes de la industria automovilística. Elon Musk lleva años alimentando las expectativas sobre este deportivo eléctrico, cuya nueva generación se presentó inicialmente en 2017 y ha acumulado numerosos retrasos. La posibilidad de que pueda despegar del suelo es uno de los elementos más llamativos del proyecto, aunque todavía hay una diferencia importante entre las prestaciones anunciadas y lo que se ha demostrado públicamente. La presentación prevista para el 15 de octubre de 2026 mantiene la atención puesta en un vehículo que pretende llevar los límites del automóvil a un terreno poco habitual.

La tecnología que permitiría esta función estaría vinculada a propulsores de gas frío desarrollados con tecnología de SpaceX. Estos dispositivos expulsan gas almacenado a alta presión para generar empuje, sin recurrir a la combustión convencional de un motor a reacción. Musk ha sugerido que el sistema podría ayudar al coche a acelerar, frenar y mejorar determinadas maniobras, además de permitir posibles elevaciones momentáneas. Sin embargo, las especificaciones definitivas, la configuración exacta del sistema y sus capacidades reales deben confirmarse mediante pruebas. Por ahora, no conviene interpretar las promesas más espectaculares como prestaciones verificadas de un coche de producción.

¿Puede realmente volar el Tesla Roadster?

Desde el punto de vista de la física, elevar un vehículo del suelo es posible si el empuje vertical supera su peso durante el tiempo suficiente. El problema es que un coche deportivo necesita generar una fuerza considerable para levantar su propia masa y, además, mantener el equilibrio sin volcar ni perder el control. Los propulsores también deben gestionar la dirección del empuje, la estabilidad y el aterrizaje. Por eso, un salto breve o una suspensión momentánea no equivalen a disponer de un automóvil volador capaz de desplazarse con seguridad por el aire durante una distancia prolongada.

La normativa estadounidense añade otro obstáculo importante. La Administración Federal de Aviación (FAA) regula el uso del espacio aéreo y las operaciones aeronáuticas, por lo que un vehículo que abandone el suelo mediante un sistema de propulsión podría quedar sujeto a requisitos distintos de los aplicables a un coche convencional. La existencia de restricciones temporales de vuelo cerca de las instalaciones de SpaceX en McGregor, Texas, ha alimentado las especulaciones sobre una demostración especial, pero una zona de exclusión aérea no demuestra por sí sola que el Roadster pueda volar. Para operar como aeronave serían necesarias las autorizaciones correspondientes, además de medidas específicas para proteger a las personas y al resto del tráfico aéreo.

El proyecto también promete cifras extraordinarias en carretera. Tesla ha anunciado para el nuevo Roadster una aceleración de 0 a 60 millas por hora —unos 97 km/h— en menos de dos segundos, mientras que Musk ha llegado a plantear objetivos todavía más ambiciosos para la versión equipada con el paquete SpaceX. Los propulsores podrían aportar fuerza directamente al chasis y ayudar a superar algunas limitaciones de adherencia de los neumáticos, pero eso no significa que cualquier cifra anunciada esté garantizada. La aceleración real, la autonomía y el comportamiento dinámico tendrán que comprobarse con pruebas independientes, especialmente si el sistema adicional aumenta la complejidad y el peso del conjunto.

Otro asunto decisivo es la homologación. Un vehículo equipado con propulsores de gas a presión tendría que superar importantes desafíos relacionados con la seguridad, el ruido, la protección de peatones y pasajeros y el funcionamiento del sistema en situaciones de emergencia. Si además se pretende que abandone el suelo, entraría en juego un marco regulatorio mucho más complejo que el de un deportivo eléctrico convencional. Una demostración controlada en una instalación privada no equivale a obtener permiso para circular por las calles con esa tecnología. Por eso, no está garantizado que la versión con propulsores pueda utilizarse legalmente en carretera, aunque el Roadster convencional sí llegue a comercializarse.

El nuevo Tesla Roadster podría convertirse en una de las propuestas más radicales de la movilidad eléctrica si consigue transformar sus promesas en resultados medibles. Sin embargo, hasta que se conozcan sus especificaciones definitivas y se publiquen pruebas fiables, la idea de un coche capaz de volar debe tratarse con cautela. Lo más plausible es que la tecnología SpaceX se centre en mejorar las prestaciones o protagonice una demostración muy controlada, mientras que un vuelo sostenido y legal en espacios públicos plantea dificultades técnicas y regulatorias mucho mayores. La gran incógnita no es solo si el Roadster puede despegar, sino si podrá hacerlo de forma segura, repetible y dentro de la ley.