Gran parte de este modelo nació con Tesla, que popularizó las actualizaciones inalámbricas y las funciones desbloqueables mediante software. Servicios como el sistema de conducción autónoma Full Self-Driving pueden costar alrededor de 1.200 dólares al año. Aunque estas funciones tecnológicas han impulsado la innovación, también han provocado fatiga entre los consumidores, que cada vez cuestionan más pagar cuotas continuas por funciones en coches que ya cuestan decenas de miles de dólares.
El caso de Volkswagen también ha levantado polémica, especialmente en modelos eléctricos como el Volkswagen ID.3. En algunos mercados, el fabricante ofrece más potencia del motor mediante una suscripción mensual o anual. La idea de pagar para desbloquear caballos de potencia que el coche ya tiene ha generado críticas, especialmente porque Volkswagen todavía intenta reconstruir su reputación tras el escándalo del Dieselgate.
La estrategia de Mercedes-Benz también generó críticas cuando lanzó una suscripción anual para mejorar el rendimiento de algunos modelos eléctricos. En el caso del Mercedes-Benz EQS, los propietarios podían pagar para desbloquear un mayor ángulo de giro de las ruedas traseras o incluso acceder a una aceleración superior del motor eléctrico. Muchos conductores criticaron la idea de comprar un coche con hardware completo, pero tener que pagar cada año para usarlo al máximo.
La polémica alcanzó su punto máximo con BMW, que introdujo en 2020 funciones de pago dentro de sus vehículos. El caso más criticado fue la suscripción para activar los asientos calefactables, una función que ya estaba físicamente instalada en el coche. Tras la fuerte reacción de los conductores, la marca tuvo que eliminar este servicio en 2023. Sin embargo, la controversia volvió cuando surgieron planes para desbloquear potencia extra en vehículos eléctricos mediante una cuota anual, lo que reavivó el debate sobre los límites de este modelo.
El mundo del automóvil está viviendo una de sus transformaciones más polémicas: pagar suscripciones para usar funciones que ya vienen instaladas en el vehículo. Mientras el precio medio de un coche nuevo superó los 50.000 dólares en 2025 según Kelley Blue Book, muchos fabricantes siguen apostando por ingresos recurrentes mediante servicios digitales. Según S&P Global Mobility, este negocio podría pasar de generar 6.000 millones de dólares en 2024 a 15.000 millones en 2030, aunque el coste reputacional para las marcas podría ser enorme.
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