Allard fabricó cerca de 2.000 automóviles entre 1946 y 1957, destacando especialmente por sus deportivos equipados con potentes motores V8 de origen estadounidense, aunque también produjo varias berlinas. Su último modelo, el Palm Beach, llegó al mercado con un importante retraso tecnológico respecto a sus rivales, una circunstancia que aceleró el final de una marca incapaz de anticipar la evolución de la industria
La historia de Bean Cars comenzó tras la Primera Guerra Mundial, cuando George Bean decidió reconvertir su empresa de fabricación de proyectiles en un constructor de automóviles. La compañía llegó a producir 10.000 unidades de sus primeros modelos y durante un tiempo rivalizó con fabricantes como Morris y Austin. Sin embargo, una serie de vehículos poco fiables dañó gravemente su reputación y la producción de turismos terminó en 1929, mientras que la de vehículos comerciales cesó dos años después.
Fundada en 1945 por la Bristol Aeroplane Company, Bristol Cars trasladó su experiencia aeronáutica al mundo del automóvil, produciendo durante décadas exclusivos modelos de lujo destinados a una clientela muy selecta. Su último gran proyecto fue el Bristol Fighter, un superdeportivo equipado con un motor V10 de 8,0 litros procedente del Dodge Viper, capaz de alcanzar una velocidad máxima de 338 km/h. Apenas se fabricaron una docena de unidades y la empresa cerró definitivamente en 2020 tras un fallido intento de resurrección.
Mucho antes de convertirse en un nombre asociado al Grupo Jaguar, Daimler fue uno de los fabricantes favoritos de la realeza británica. Con el paso de las décadas, una mala gestión tras la Segunda Guerra Mundial provocó su decadencia hasta ser adquirida por Jaguar, cuyos modelos terminaron compartiendo prácticamente toda su tecnología. La marca desapareció oficialmente en 2010 y, aunque Jaguar conserva los derechos sobre el nombre en numerosos mercados, todo indica que difícilmente volverá a las carreteras.
Durante sus mejores años, Alvis fue sinónimo de deportivos de alta calidad y refinamiento. Sus últimas creaciones, como las series TC, TD, TE y TF, fueron considerados algunos de los coupés y roadster británicos más atractivos de su época. Tras ser adquirida por Rover en 1965, la producción de automóviles terminó apenas dos años después y la compañía pasó a dedicarse exclusivamente a la fabricación de vehículos militares.
La colaboración entre Donald Healey y Austin dio vida a modelos tan emblemáticos como el Austin-Healey 100 de 1953 y el popular Sprite «Frogeye». Mientras este último terminó transformándose en el MG Midget, el gran Healey desapareció debido a la normativa estadounidense sobre seguridad y emisiones. La marca fue retirada en 1971, aunque BMW llegó a estudiar un posible regreso en los años noventa utilizando la base del Z3, un proyecto que nunca llegó a hacerse realidad.
Austin fue una de las marcas más influyentes de la industria británica durante sus 83 años de historia. Modelos como el Austin Seven de 1922 permitieron que miles de familias accedieran por primera vez al automóvil, mientras que el Mini de 1959 revolucionó para siempre el diseño de los coches urbanos. Sin embargo, el fracaso comercial del Austin Allegro, unido a los problemas de British Leyland y a la escasa aceptación posterior del Maestro y el Montego, provocó que el nombre Austin desapareciera definitivamente en 1988.