Durante años, comprar un coche eléctrico suponía asumir un sobreprecio frente a las alternativas de combustión e incluso frente a muchos híbridos. Sin embargo, esa tendencia acaba de cambiar. El precio medio mundial de un vehículo eléctrico se situó el año pasado en unos 37.000 dólares, por debajo de los aproximadamente 39.000 dólares de un híbrido, según los datos citados por Nikkei Asia. La diferencia todavía no es enorme, pero representa un cambio significativo en una industria que está transformando rápidamente sus estructuras de costes.
La explicación principal está en uno de los componentes más caros de cualquier eléctrico: la batería. El coste de las baterías de iones de litio cayó un 37% entre 2020 y 2025, una reducción especialmente importante porque estos paquetes pueden representar entre el 30% y el 40% del coste total de fabricación de un vehículo eléctrico. China ha tenido un papel protagonista en este proceso gracias a su enorme capacidad industrial, que representa aproximadamente el 80% del mercado mundial de baterías. El exceso de capacidad productiva ha presionado los precios a la baja y ha permitido que los fabricantes puedan trasladar parte de ese ahorro a los vehículos.
Otro factor importante es la expansión de las baterías LFP, basadas en litio-ferrofosfato, una química que prescinde del cobalto y tradicionalmente ha ofrecido una densidad energética inferior a otras alternativas. Sin embargo, la evolución tecnológica ha permitido mejorar considerablemente sus prestaciones, al mismo tiempo que mantienen una estructura de costes competitiva. Fabricantes europeos como Renault y Volkswagen ya han anunciado su intención de recurrir a esta tecnología, una señal de que las baterías más económicas podrían tener cada vez más protagonismo en los vehículos eléctricos de gran volumen.
La reducción de costes no puede entenderse sin analizar la expansión internacional de los fabricantes chinos. Las exportaciones de coches eléctricos fabricados en China pasaron de menos de 100.000 unidades en 2020 a 1,64 millones el año pasado, multiplicando de forma espectacular su presencia fuera de su mercado doméstico. Esta ofensiva ha llevado modelos eléctricos relativamente económicos a mercados de Europa, Asia y Sudamérica, aumentando la competencia y obligando al resto de fabricantes a revisar sus estrategias de precios.
La diferencia frente a los híbridos resulta todavía más llamativa cuando se observa la evolución de los últimos años. Mientras el precio medio de los eléctricos bajó un 9% desde 2020, el de los híbridos aumentó un 16% hasta alcanzar los 39.000 dólares. En países del sudeste asiático y Sudamérica, los eléctricos chinos ya pueden resultar más baratos que un híbrido convencional, mientras que en Tailandia las marcas chinas representan cerca del 30% de las matriculaciones de vehículos nuevos. Todo apunta a que esta presión competitiva podría intensificarse a medida que los fabricantes chinos amplíen sus redes comerciales.
La situación también podría verse condicionada por el precio de los combustibles. El encarecimiento del petróleo mejora automáticamente el atractivo económico de los vehículos eléctricos, especialmente para quienes recorren muchos kilómetros al año. Si los costes de las baterías continúan descendiendo y los fabricantes consiguen producir modelos cada vez más asequibles, el eléctrico podría dejar de ser una alternativa asociada exclusivamente a compradores con mayor presupuesto. La auténtica batalla del automóvil eléctrico empieza ahora en el segmento de volumen, donde el precio será tan importante como la autonomía, la tecnología o las prestaciones.