El Chrysler New Yorker de 1951 fue uno de los primeros modelos en incorporar el mítico motor V8 FirePower HEMI de 331 pulgadas cúbicas (5,4 litros), que desarrollaba 180 CV. Era una cifra destacada para la época, con 20 CV más que el Cadillac de aquel mismo año. La mecánica también se utilizó en otros modelos de la marca, como el Imperial y el Saratoga. Sin embargo, su importancia no se limitó a las cifras sobre el papel. El piloto Tom McCahill consiguió el reconocimiento al coche de producción estadounidense más rápido en Daytona Beach al volante de un New Yorker. Aquella demostración ayudó a consolidar la reputación deportiva del nuevo V8 y sentó las bases de la rivalidad de potencia que protagonizarían los fabricantes estadounidenses durante la década de 1950.
En 1953, Dodge incorporó su propia versión del motor HEMI, conocida como Red Ram, y rápidamente comenzó a demostrar su potencial en competición. Lee Petty consiguió cinco victorias en carreras de NASCAR durante aquella temporada con un Dodge equipado con esta mecánica, un resultado que reforzó la imagen deportiva de la marca. La relación entre el Red Ram y las carreras también llegó a las 500 Millas de Indianápolis: un descapotable Dodge Red Ram HEMI actuó como coche de seguridad en la edición de 1954. Estos acontecimientos permitieron que Dodge construyera su propia reputación alrededor de la tecnología HEMI, siguiendo el camino que Chrysler ya había iniciado con sus modelos de altas prestaciones. La llegada de este motor amplió el alcance de una familia mecánica que pronto se convertiría en una de las más reconocibles de la industria estadounidense.
El Chrysler C-300 de 1955 marcó un antes y un después en la historia de los automóviles estadounidenses al convertirse en el primer coche de producción cuyo motor alcanzaba los 300 CV. Para conseguirlo, utilizaba un V8 HEMI FirePower de 331 pulgadas cúbicas (5,4 litros), equipado con dos carburadores de cuatro cuerpos. Su potencia de 300 CV dio origen a la denominación C-300 y convirtió a este modelo en una auténtica referencia entre las berlinas deportivas de su época. Además, su importancia fue mucho más allá de aquel lanzamiento: sirvió como punto de partida para la prestigiosa familia Chrysler 300 Letter Series, que durante años combinó lujo, diseño estadounidense y motores de altas prestaciones. El C-300 demostró que el HEMI podía ofrecer algo más que potencia para grandes berlinas y convertirse en el corazón de un coche concebido para alcanzar velocidades elevadas desde el concesionario.
El Chrysler 300D de 1958 representó uno de los momentos culminantes de la primera generación del motor HEMI FirePower. Su enorme V8 de 392 pulgadas cúbicas (6,4 litros) desarrollaba 380 CV, una potencia que lo situaba entre los automóviles de producción más potentes de su época. Esta cifra consolidó la reputación de la familia Chrysler 300 como una de las grandes referencias estadounidenses en prestaciones y exclusividad. Sin embargo, el 300D también tuvo un significado histórico especial: 1958 fue el último año en el que un motor FirePower HEMI apareció en un modelo de producción. Después de esta etapa, el nombre HEMI desapareció temporalmente de los catálogos de Chrysler, hasta que regresó en la década siguiente con una nueva generación de motores de calle. El 300D quedó así como uno de los últimos representantes de aquella primera era de los grandes V8 hemisféricos.
El Plymouth GTX fue uno de los muscle cars más destacados de la familia B-body de Chrysler y también estuvo disponible con el legendario 426 HEMI de 425 CV. Esta opción mecánica se ofreció entre 1967 y 1971, coincidiendo con la trayectoria de esta generación del modelo. Su combinación de carrocería deportiva, configuración de altas prestaciones y enorme motor V8 lo convirtió en una alternativa especialmente atractiva para quienes buscaban un automóvil estadounidense con carácter de competición. El 426 HEMI era uno de los motores más emblemáticos de la época dorada de los muscle cars y permitió que el GTX compitiese con algunos de los modelos más potentes del mercado. Su presencia demuestra hasta qué punto Chrysler extendió esta tecnología por diferentes segmentos, desde las grandes berlinas de lujo hasta los deportivos diseñados para dominar las carreteras y las carreras de aceleración.
El año 2003 marcó el comienzo de una nueva etapa para el HEMI gracias a su regreso a las pick-up Dodge Ram. La Ram 1500 incorporó el V8 HEMI de 5,7 litros, perteneciente a la tercera generación de esta familia mecánica, que sustituyó al anterior Magnum 5.9. En esta aplicación desarrollaba 345 CV y 508 Nm de par máximo, unas cifras que permitieron combinar capacidad de trabajo con prestaciones destacadas. Su llegada a las camionetas fue especialmente importante porque devolvió el nombre HEMI a los vehículos de uso cotidiano, después de años de ausencia en los catálogos de producción. Además, esta mecánica se convirtió en la base para su posterior expansión hacia turismos y SUV, consolidando el regreso de una de las denominaciones más reconocidas de la historia de Chrysler.
El Dodge Durango SRT Hellcat de 2021 llevó la filosofía de los motores HEMI sobrealimentados a un SUV de tres filas de asientos. Bajo el capó incorporaba un V8 HEMI Hellcat de 6,2 litros con compresor, capaz de desarrollar 710 CV y 875 Nm de par, asociado a una transmisión automática de ocho velocidades y tracción integral. Sus prestaciones eran propias de un deportivo: aceleraba de 0 a 100 km/h en apenas 3,5 segundos, completaba el cuarto de milla en 11,5 segundos y alcanzaba los 290 km/h. Además, Dodge anunció que esta versión se fabricaría únicamente durante el año modelo 2021, lo que aumentó su atractivo. Con esta mecánica, el Durango demostró que un SUV familiar también podía convertirse en uno de los vehículos más potentes de su categoría.