Walmart está acelerando su apuesta por la movilidad eléctrica con una estrategia que puede cambiar el precio de la carga rápida en Estados Unidos. La compañía está instalando sus propios cargadores en sus centros comerciales y ofrece tarifas que se sitúan entre las más bajas del mercado. Su expansión podría aumentar la competencia y presionar a Tesla y otras redes para reducir sus precios.
Los datos comparativos disponibles muestran una diferencia importante entre las principales redes. Walmart registra un precio medio cercano a 43 centavos de dólar por kWh, mientras que Tesla Supercharger y Electrify America rondan los 56 centavos. La diferencia puede ser relevante para quienes utilizan habitualmente la carga rápida, sobre todo en viajes largos donde el coste de cada recarga tiene un mayor impacto.

La gran ventaja de Walmart está en su enorme presencia física. La compañía cuenta con más de 5.200 tiendas en Estados Unidos y aproximadamente el 90 % de los estadounidenses vive a menos de 16 kilómetros de una de ellas. Esto permite integrar la recarga dentro de una actividad cotidiana: mientras el coche recupera energía, el conductor puede hacer la compra o utilizar otros servicios del establecimiento.
Walmart también está desarrollando su propia infraestructura en lugar de depender exclusivamente de operadores externos. La compañía ya supera las 100 estaciones de carga y los 800 puntos de recarga, mientras que otros 300 emplazamientos se encuentran en diferentes fases de planificación. Sus instalaciones utilizan cargadores de hasta 400 kW y ofrecen conexiones compatibles con los estándares NACS y CCS.
El modelo tiene además una lógica comercial muy clara. Un conductor puede permanecer alrededor de 40 minutos en la tienda mientras carga su vehículo y, durante ese tiempo, tiene la oportunidad de realizar compras. La electricidad puede convertirse así en una herramienta para atraer clientes, en lugar de ser únicamente un negocio independiente de venta de energía.

Durante años, el principal problema de la carga rápida pública no fue tanto el precio como encontrar un cargador disponible y operativo. Sin embargo, la expansión de las redes está cambiando esa situación. Si los conductores empiezan a tener varias alternativas en una misma ruta, el precio puede convertirse en un factor decisivo para elegir dónde cargar.
Esta presión competitiva puede ser especialmente importante para quienes no tienen un cargador en casa. Los conductores que viven en pisos, alquilan una vivienda o no disponen de garaje pueden depender mucho más de las redes públicas. Para ellos, una diferencia de precio de varios centavos por kWh puede acabar suponiendo un ahorro considerable a lo largo del año.
Si Walmart mantiene sus tarifas competitivas mientras amplía su red, otros operadores tendrán que responder para no perder usuarios. Tesla podría verse obligada a revisar sus precios de Supercharger, aunque todavía no existe ninguna confirmación de que vaya a hacerlo. La llegada de más redes, nuevos puntos de carga y operadores como Ionity puede acelerar todavía más esta competencia y hacer que cargar un coche eléctrico sea cada vez más parecido a repostar gasolina: comparar precios antes de parar.