El BMW 507 fue uno de los deportivos más exclusivos que pasaron por las manos de Elvis Presley. El cantante recibió su unidad el 20 de diciembre de 1958, cuando el modelo ya destacaba por su producción limitada: BMW fabricó solamente 254 ejemplares. Su elegante carrocería descapotable y su condición de gran turismo lo convirtieron en una pieza muy especial dentro de la historia de la marca alemana. Décadas después, el automóvil volvió a llamar la atención al presentarse restaurado en el concurso de elegancia de Pebble Beach, donde su relación con Elvis reforzó todavía más su atractivo para los aficionados y coleccionistas.
El Cadillac rosa de 1955 es uno de los automóviles más conocidos relacionados con la vida personal de Elvis. El cantante lo compró el 5 de julio de 1955 y se lo regaló a su madre, Gladys Presley, en un gesto que convirtió al coche en parte de la historia familiar del artista. La llamativa combinación de color y diseño estadounidense terminó transformándolo en un símbolo de su ascenso a la fama. Actualmente, el Cadillac se conserva en exposición permanente en Graceland, donde los visitantes pueden contemplar uno de los vehículos más emblemáticos de la colección del Rey del Rock.
El primer Stutz Blackhawk vendido fue adquirido por Elvis el 9 de octubre de 1970, por un precio de 26.500 dólares. El automóvil destacaba por su diseño exclusivo y su orientación hacia el lujo, características que encajaban con la afición del cantante por los vehículos llamativos y poco habituales. La compra también le otorgó un lugar especial en la historia del modelo, ya que Presley se convirtió en su primer cliente. La combinación de una producción limitada, un precio elevado para la época y la identidad de su primer propietario ha mantenido vivo el interés por este automóvil entre los coleccionistas.
El De Tomaso Pantera de 1971 que Elvis adquirió en 1974 es uno de los coches más peculiares de su colección por los daños que todavía conserva. Según la información publicada por Jalopnik, el volante presenta dos agujeros de bala y el suelo del vehículo tiene otro. Estos desperfectos están relacionados con un episodio de la vida personal del cantante y se han convertido en parte de la leyenda del automóvil. El Pantera combinaba diseño italiano con un motor de origen estadounidense, una fórmula que ya lo hacía atractivo por sí misma. Actualmente, la unidad se exhibe en el Petersen Automotive Museum.
El Rolls-Royce Phantom V de Elvis Presley se vendió por 396.000 dólares en una subasta de Bonhams en 2014. La unidad incorporaba una carrocería de James Young, un carrocero británico especializado en automóviles de lujo. El Phantom V fue producido en cantidades limitadas, con aproximadamente 832 ejemplares fabricados, y estaba concebido para ofrecer el máximo confort a sus ocupantes. El precio alcanzado en la subasta refleja tanto la exclusividad del modelo como su vínculo con el cantante. Entre los coches de Presley con un valor de venta documentado, esta limusina constituye uno de los ejemplos más llamativos del interés que despiertan los vehículos asociados a grandes figuras de la música.
El Mercedes-Benz 600 también formó parte de la colección de Elvis durante la década de 1970. Este modelo era una de las grandes limusinas de representación de Mercedes-Benz y destacaba por su tamaño, su refinamiento y su sofisticada tecnología para la época. Su presencia en el garaje del cantante demuestra que su interés por los automóviles no se limitaba a los grandes modelos estadounidenses: también apreciaba vehículos europeos de lujo. Aunque la información disponible sobre esta unidad concreta es limitada, el Mercedes-Benz 600 encaja perfectamente en una colección que combinaba coches de prestigio, deportivos exclusivos y modelos adquiridos por motivos personales.
El Lincoln Continental Mark II permaneció en manos de Elvis desde que era nuevo hasta aproximadamente un año antes de su muerte, según la información recogida por SlashGear. Este modelo representaba el lujo estadounidense de mediados de los años cincuenta y se distinguía por su diseño elegante y su elevado precio de compra. A diferencia de otros automóviles que Presley regaló o cambió durante su vida, el Continental Mark II permaneció con él durante un periodo prolongado. Esa continuidad resulta especialmente interesante en una colección caracterizada por la gran cantidad de vehículos que el cantante compró, utilizó y entregó a otras personas.
El Messerschmitt KR200 destaca por ser uno de los vehículos más diferentes de la colección de Elvis. En lugar de una gran berlina o un deportivo potente, este pequeño microcoche alemán utilizaba tres ruedas y una carrocería compacta diseñada para aprovechar al máximo el espacio. Presley terminó intercambiándolo con Bernard Lansky, el conocido comerciante de ropa que tuvo relación con su imagen y vestuario. Según SlashGear, Lansky ha rechazado varias ofertas para venderlo, lo que demuestra el valor sentimental e histórico que puede adquirir un vehículo vinculado al cantante, incluso cuando su tamaño y prestaciones están muy lejos de los automóviles de lujo que también poseía.
El Cadillac dorado de Elvis fue adquirido por 11.064,25 dólares el 22 de diciembre de 1959 a través de Southern Motors, en Memphis. Posteriormente, el personalizador George Barris transformó el vehículo en un automóvil de exhibición mediante un proyecto que incluyó pagos de 2.000 dólares como depósito y otros 3.000 dólares durante 1962. El resultado se utilizó como vehículo promocional y recorrió el sureste de Estados Unidos en 1965 durante la promoción de la película Tickle Me. En 1968 llegó a Australia y Nueva Zelanda, donde ayudó a recaudar 149.175 dólares para organizaciones benéficas. Desde 1977 se exhibe en el Country Music Hall of Fame de Nashville, convertido en uno de los coches más llamativos vinculados al Rey del Rock.
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