Al inicio de nuestro quinto día de manejo sólo nos separaban 450 km de nuestra meta inicial, Yellowknife. Así pues, con las carreteras aún secas y libres de humedad y nieve, salimos en búsqueda de nuestros neumáticos especiales para invierno. Nuestra sorpresa fue que, a pesar de haber visto en inventario por Internet las medidas buscadas, cuando llegamos a la única llantera de la ciudad, estaba cerrada y estaría cerrada por los próximos dos días. Decidimos aventurarnos con nuestros neumáticos de verano y probar suerte con mucha precaución, pues de lo contrario corríamos el riesgo de que los lagos se descongelaran, estábamos a una semana del cierre promedio de las carreteras del hielo.
Apenas una hora después de salir de Hay River estábamos ante nuestra primera gran prueba. Había una desviación sobre el camino principal para llevarnos 500 metros después al puente de hielo del río Mackenzie camino a Fort Providence. Segundos más tarde nos estacionábamos frente a una llanura blanca de casi dos kilómetros. Con la boca abierta –literalmente- y con el corazón latiendo a 120 ppm, montamos el equipo de mediciones, cámaras y nos preparamos para nuestro primer cruce sobre el hielo.
Afortunadamente, un mes antes habíamos tomado un curso de manejo en hielo y nieve, por lo que sabíamos lo que podíamos esperar. A nuestro favor el puente estaba autorizado hasta para 65 toneladas, el tránsito era prácticamente nulo y no había absolutamente nada contra que chocar, así que aún con neumáticos de verano nos aventuramos en el hielo confiando en nuestras habilidades, en las asistencias electrónicas de nuestra Q5 y, por supuesto, en el sistema Quattro. “Já”, fue nuestra primera expresión una vez sobre el hielo.
La verdad es que con las debidas precauciones era más fácil de lo que esperábamos. La superficie estaba lisa y tersa como la seda, excepto en las zonas donde se acumulaba nieve, un poco más rugosa pero con mejor adherencia. Pan comido, y lo mejor es que las restricciones de velocidad sólo aplicaban a los camioneros. Una vez más en tierra firme manejamos los poco más de 300 km restantes y llegamos a Yellowknife. La mitad de la travesía estaba completada, pero lo mejor aún estaba por venir.
Nuestra primera tarde en Yellowknife nos sirvió para aclimatarnos, conocer la zona y preguntar muchas cosas a los locales como las mejores rutas escénicas, mejores paisajes, locaciones de las carreteras del hielo, zonas para ver la aurora boreal y demás. La única advertencia que recibimos fue que hacía tres días se habían cerrado oficialmente las rutas comerciales en el camino “Tibbitt to Contwoyto”, una ruta privada que provee a las minas de oro y diamantes en el norte.
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