
En 1977, el Ford Fiesta acababa de llegar al mercado como una de las grandes apuestas de la marca para el nuevo segmento de los utilitarios pequeños, pero sus motores ofrecían unas prestaciones bastante modestas. Fue entonces cuando el estadounidense Gary Kohs convenció a Ford de que el modelo necesitaba una versión rápida y recurrió a Donald Mitchell Healey, responsable de una de las firmas más reconocidas de la historia del automóvil británico. El resultado fue un prototipo que acabaría convirtiéndose en uno de los primeros Fiesta deportivos y en el último automóvil en llevar el nombre Healey.
La base elegida fue un Fiesta estadounidense equipado con el motor Kent de 1,6 litros, una mecánica que recibió una profunda preparación de Broadspeed con modificaciones en la culata, el árbol de levas, la carburación y la relación de compresión. Un carburador Weber 32/36DGAV sustituyó al sistema original y la potencia estimada alcanzó entre 105 y 110 CV, una cifra extraordinaria para un coche que apenas pesaba 853 kilos. Con una relación de cambio más corta, el pequeño Ford podía acelerar de 0 a 60 mph en 9,6 segundos y alcanzar los 108 mph.
El proyecto también recibió importantes modificaciones en el chasis y en la carrocería para estar a la altura de su nueva personalidad. El Fiesta incorporó llantas Minilite de 13 pulgadas, neumáticos 205/60, pasos de rueda ensanchados, suspensión Koni ajustable, muelles especiales, barras estabilizadoras y una nueva relación final más corta. El aspecto se completó con un spoiler delantero de acero, faros Carello cuadrados y proyectores Hella, mientras que el interior recibió asientos Wolfrace, un volante Moto-Lita, instrumentación adicional y una jaula antivuelco trasera.

Al volante, este Fiesta especial conservaba el carácter de los Ford de la época, con una dirección directa, un comportamiento predecible y un motor Kent de sonido inconfundible. La preparación de Healey mejoraba notablemente la respuesta del chasis y los neumáticos más anchos permitían aprovechar mejor el potencial del utilitario, que podía enfrentarse a las curvas con una sorprendente facilidad. Road & Track llegó a describirlo como un coche más rápido, divertido y funcional que el Fiesta estándar, además de registrar mejores cifras de aceleración y comportamiento dinámico que algunos rivales de mayor prestigio.
El prototipo incluso llegó a compararse con el Volkswagen Golf GTI original, que por entonces estaba revolucionando el concepto de compacto deportivo. Aunque el Fiesta Healey no llegó a producirse en serie, sus prestaciones estaban muy cerca de las del modelo alemán y su comportamiento consiguió superar a un Volkswagen Scirocco en las pruebas de aceleración lateral. Con todo, el proyecto tenía un problema evidente: su elevado coste de fabricación y el precio asociado al nombre Healey habrían hecho difícil convertirlo en un producto de gran volumen.
Tras ser utilizado en la temporada de salones de 1979, el Fiesta regresó a Estados Unidos y terminó almacenado en Dearborn, ya con el logotipo ovalado de Ford en lugar de la parrilla Healey. El coche no pudo matricularse en el país debido a las normativas de emisiones y, después de varios años, acabó en manos de un coleccionista vinculado a la marca británica. Con el tiempo pasó por diferentes propietarios hasta llegar al Healey Museum de los Países Bajos y ser vendido en 2014, aunque sin encontrar comprador en la subasta.
Finalmente, el prototipo encontró un nuevo hogar y fue restaurado conservando prácticamente todas sus especificaciones originales. Con menos de 7.000 millas en el odómetro, este Fiesta representa una pieza única de la historia de Ford y Healey, además de demostrar hasta dónde podía llegar la primera generación del utilitario. Su existencia también permite entender que la idea de un Fiesta deportivo no nació de la nada: Ford ya había explorado la fórmula varios años antes de lanzar el XR2 en 1981.
El Fiesta XR2 terminó llevando a producción buena parte de la filosofía que había anticipado este prototipo, utilizando una fórmula más sencilla y económica para ofrecer prestaciones, comportamiento ágil y una imagen deportiva. El proyecto de Healey, sin embargo, conserva un atractivo especial porque fue más exclusivo, más artesanal y técnicamente más ambicioso. El Fiesta Healey fue el pequeño Ford rápido que se adelantó a su tiempo, un experimento que demostró que un utilitario ligero podía convertirse en un auténtico deportivo mucho antes de que los hot hatch dominaran las carreteras europeas.

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