Hace unos 20 años, Mazda realizó un experimento secreto con su popular MX-5, intentando poner un motor V6 de 2.5 litros bajo el capó del mítico roadster. La revelación provino de Christian Schultze, director de Investigación y Operaciones de Mazda Motor Europe, quien compartió detalles del proyecto en una entrevista reciente. Este motor V6, basado en la serie K de Mazda (utilizada en modelos como el 626 y el MX-6), prometía una mejora significativa en la potencia, pero los ingenieros se toparon con varios desafíos técnicos que impidieron que el modelo llegara a producción.
El motor V6 de 2.5 litros que Mazda probó en el prototipo del MX-5 no era un monstruo de potencia, pero ofrecía una mejora considerable respecto al motor original de 1.8 litros del NB MX-5. Con alrededor de 170 caballos de fuerza (frente a los 140 hp del modelo estándar) y un par motor más amplio, el V6 podría haber sido una opción atractiva para los fanáticos del Miata que ansiaban más potencia. Aunque no alcanzaba cifras impresionantes, el motor V6 proporcionaba un manejo más suave y un par motor más plano, lo que mejoraba la experiencia de conducción.
A pesar de las mejoras en la potencia, el principal obstáculo que enfrentaron los ingenieros fue el problema de empaquetado. El motor V6 simplemente no encajaba adecuadamente bajo el capó del MX-5. Su tamaño y la distribución del motor hacían que no fuera estéticamente atractivo y afectaba la proporción y el diseño general del vehículo. Mazda no estaba dispuesta a comprometer la estética y la calidad del diseño, por lo que, a pesar de los avances en el rendimiento, decidieron abandonar el proyecto.
Otro de los grandes problemas del motor V6 fue el desbalance de peso. Al ser más pesado que el motor de 2.0 litros original, el motor V6 alteraba el equilibrio del MX-5. Esto podría haber afectado el manejo, que es una de las características más queridas de este coche. Para Mazda, mantener el equilibrio de peso perfecto en el MX-5 es crucial para la experiencia de conducción, por lo que un cambio tan significativo en la distribución de peso no era una opción viable.
Con la mirada puesta en el futuro, el siguiente desafío para Mazda podría ser la electrificación del MX-5. Si bien el V6 fue descartado por los problemas de peso y diseño, la llegada de un motor eléctrico podría generar nuevos dilemas. Las baterías y motores eléctricos también añaden peso y podrían alterar el equilibrio del coche. La gran pregunta es cómo Mazda gestionará este nuevo desafío para mantener el carácter ligero y deportivo del MX-5 al incorporar tecnologías más pesadas y complejas.
Aunque el MX-5 V6 nunca llegó a producción, el proyecto dejó claro que Mazda siempre ha estado dispuesto a experimentar con nuevas ideas y mejorar su querido roadster. La compañía ha aprendido de estos intentos y sigue perfeccionando el MX-5, adaptándolo a las nuevas tecnologías y manteniendo su espíritu intacto. Con el futuro del modelo NE aún incierto, solo el tiempo dirá si Mazda decidirá finalmente introducir un motor eléctrico o buscar nuevas formas de mejorar el rendimiento y la experiencia de conducción sin comprometer lo que hace especial al MX-5.