El futuro de Polestar en Estados Unidos atraviesa uno de sus momentos más delicados. La decisión de la Oficina de Industria y Seguridad (BIS) del Departamento de Comercio de impedir la comercialización de los futuros modelos de la marca a partir de 2027 ha generado incertidumbre sobre el destino del Polestar 3, uno de los SUV eléctricos más importantes desarrollados por el grupo Geely. Sin embargo, una alternativa comienza a ganar fuerza entre los analistas: transformar el modelo en un Volvo para que pueda seguir vendiéndose en el mercado estadounidense sin necesidad de abandonar la producción en la planta de Carolina del Sur.
La teoría cobra sentido por un motivo muy concreto. El Polestar 3 y el Volvo EX90 comparten la misma plataforma, gran parte del hardware, el software y la fábrica donde se producen, situada en Ridgeville (Carolina del Sur). Mientras Polestar no obtuvo una exención para continuar operando bajo la nueva normativa sobre vehículos conectados, Volvo sí recibió la autorización del Gobierno estadounidense para seguir comercializando sus modelos eléctricos en el país. Esta diferencia ha alimentado las especulaciones sobre la posibilidad de que el SUV de Polestar adopte simplemente el emblema de Volvo para mantenerse en el mercado.
Si esta estrategia llegara a materializarse, el cambio sería prácticamente estético. El hipotético modelo conservaría la mayor parte de sus componentes, prestaciones y tecnología, diferenciándose únicamente por pequeños detalles exteriores, como la parrilla, los logotipos y algunos elementos del frontal. De esta forma, Volvo mantendría activa la producción de su planta estadounidense y evitaría que Geely tuviera que reorganizar nuevamente toda la fabricación global del Polestar 3, una operación con un elevado coste económico y logístico.
Por el momento, ni Polestar ni Volvo han querido pronunciarse sobre esta posibilidad. Tampoco se conocen oficialmente los motivos por los que Polestar no consiguió la exención concedida a Volvo, pese a compartir gran parte de la arquitectura tecnológica del Polestar 3 con el EX90. Algunos analistas consideran que las restricciones podrían estar relacionadas con la estructura corporativa de la marca o con otros modelos independientes de Polestar, como el Polestar 4, que utiliza un ecosistema tecnológico diferente al de su SUV hermano.
Si finalmente el Polestar 3 no encuentra acomodo dentro de la gama de Volvo, el grupo Geely podría verse obligado a trasladar la producción fuera de Estados Unidos, poniendo en riesgo la actividad de la planta de Ridgeville y numerosos puestos de trabajo. En cambio, una reconversión del SUV bajo la marca Volvo permitiría conservar la inversión realizada, ampliar la oferta de vehículos eléctricos y reforzar la presencia del fabricante sueco en uno de los mercados más importantes del mundo, demostrando una vez más que la capacidad de adaptación es tan decisiva en la industria del automóvil como en la Fórmula 1, donde sobrevivir a los cambios normativos suele marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso.