La industria automotriz vuelve a enfrentarse a un importante llamado a revisión, y esta vez el protagonista es Ford. Según la Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en las Carreteras, más de 179.000 vehículos presentan un defecto en los asientos delanteros que podría aumentar el riesgo de lesiones. En un contexto donde la seguridad es clave, este tipo de fallos vuelve a poner bajo presión a uno de los gigantes de Detroit.
El problema afecta concretamente a 117.443 unidades del Ford Bronco y a 62.255 del Ford Ranger, correspondientes a los años modelo 2024 a 2026. Se trata de dos de los modelos más populares de la marca en el segmento SUV y pickup, lo que amplifica el impacto potencial de esta llamada a revisión en el mercado norteamericano.
El origen del fallo está en los pernos de pivote del mecanismo de ajuste de altura del asiento delantero. Estos componentes pueden aflojarse o incluso desprenderse, lo que comprometería la estabilidad del asiento durante una colisión. Aunque pueda parecer un detalle menor, este defecto puede marcar la diferencia en la protección de los ocupantes en un accidente, elevando significativamente el riesgo de lesiones.
Ford ya ha puesto en marcha el protocolo habitual en estos casos. Los propietarios recibirán notificaciones por correo indicándoles que deben acudir a un concesionario oficial para la inspección del vehículo. Si se detecta que los pernos no cumplen con las especificaciones, serán sustituidos sin coste alguno. Este tipo de intervenciones, aunque rutinarias, son esenciales para mantener los estándares de seguridad exigidos en la industria.
El calendario de notificaciones ya está definido. Las primeras cartas informativas sobre el riesgo se enviarán entre el 11 y el 15 de mayo, mientras que una segunda comunicación confirmará la disponibilidad de la solución entre el 13 y el 17 de julio. Este proceso escalonado busca garantizar que los concesionarios puedan gestionar el volumen de vehículos afectados de manera eficiente.
Este nuevo recall se suma a otro reciente que afectó a casi 1,4 millones de unidades de la Ford F-150 por un problema en la transmisión. La acumulación de incidencias plantea dudas sobre los controles de calidad, aunque también demuestra que los sistemas de detección funcionan. En cualquier caso, Ford se enfrenta a un momento delicado donde la confianza del consumidor vuelve a estar en juego.