El Toyota Supra de cuarta generación escondía bajo su elegante carrocería el legendario 2JZ-GTE, un seis cilindros en línea biturbo de 3.0 litros que desarrollaba alrededor de 320 CV de serie. Su enorme resistencia mecánica permitió que miles de preparadores duplicaran e incluso triplicaran esa potencia sin modificar los componentes internos, convirtiéndolo en uno de los motores más admirados de la historia.
A simple vista parecía un coupé deportivo más de los años noventa, pero el RX-7 FD sorprendía con su exclusivo motor rotativo 13B-REW biturbo de solo 1,3 litros. Capaz de alcanzar las 8.000 rpm y desarrollar hasta 255 CV, ofrecía unas prestaciones brillantes gracias a su bajo peso y a una experiencia de conducción difícil de igualar.
El apodo de Godzilla no fue casualidad. Los Skyline GT-R R32 y R33 equipaban el mítico RB26DETT, un seis cilindros biturbo cuya potencia oficial de 280 CV estaba claramente infravalorada. Combinado con la sofisticada tracción total ATTESA E-TS y la dirección trasera Super HICAS, este modelo se convirtió en una referencia absoluta tanto en carretera como en competición.
El primer BMW M3 podía parecer una berlina deportiva discreta, pero escondía el espectacular motor S14, derivado directamente de la experiencia de BMW en la Fórmula 2. Su capacidad para superar las 7.000 rpm y su extraordinario equilibrio dinámico permitieron al E30 dominar el Campeonato Europeo de Turismos y convertirse en uno de los M3 más admirados de todos los tiempos.
Bajo una apariencia relativamente similar a la de cualquier Corvette C4 se encontraba el exclusivo motor LT5 V8, desarrollado conjuntamente por Chevrolet y Lotus. Con hasta 375 CV, este propulsor permitía acelerar de 0 a 100 km/h en menos de cinco segundos y alcanzar velocidades cercanas a los 290 km/h, sorprendiendo a cualquiera que lo subestimara.
El Porsche 911 Turbo 930 pasó a la historia por su carácter tan emocionante como exigente. Su motor bóxer turboalimentado de seis cilindros ofrecía una brutal entrega de potencia tras un marcado retraso del turbo, una combinación que le valió el sobrenombre de “Widowmaker”. Dominarlo requería experiencia, pero pocos deportivos ofrecían una sensación de aceleración tan intensa en su época.
Aunque sus 210 CV pueden parecer modestos actualmente, el Carrera RS 2.7 revolucionó el concepto de coche deportivo gracias a una filosofía basada en reducir peso al máximo. Su famoso alerón tipo “cola de pato”, la eliminación de elementos superfluos y un peso cercano a los 975 kilos permitieron crear uno de los Porsche más eficaces e influyentes de todos los tiempos.
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