El Ferrari Mondial 8 de 1980 fue el primer intento de la marca de ofrecer un deportivo de configuración 2+2 con una mayor orientación práctica. Compartía el chasis del 308 y utilizaba un motor V8 transversal de 3,0 litros con 214 CV, situado en posición central. Sin embargo, su peso y su potencia relativamente modesta limitaron sus prestaciones frente a otros Ferrari de la época.
El MGA Twin Cam de 1958 incorporaba una versión de alto rendimiento del deportivo británico, equipada con un motor de doble árbol de levas. Aunque ofrecía una experiencia de conducción más prestacional que las versiones convencionales, su propulsor desarrolló una reputación complicada por los problemas relacionados con la combustión y la durabilidad de sus componentes internos.
El Triumph Stag de 1970 fue concebido como un elegante gran turismo descapotable con un motor V8 de 3,0 litros desarrollado por la propia marca. Su combinación de diseño británico, cuatro plazas y prestaciones prometía convertirlo en una alternativa atractiva para viajar, pero el propulsor terminó siendo uno de los aspectos más controvertidos del modelo.
El Jaguar E-Type Serie III de 1974 sustituyó el seis cilindros de 4,2 litros de las versiones anteriores por un V12 de 5,3 litros, una decisión destinada a mantener el atractivo del deportivo en un mercado estadounidense cada vez más condicionado por las normativas de emisiones. Aunque el nuevo motor ofrecía una entrega de potencia suave y un funcionamiento refinado, su complejidad mecánica también exigía una puesta a punto cuidadosa.
El Lancia Beta Montecarlo de primera serie destacaba por su motor central y su diseño deportivo, pero sufrió un problema de frenado lo bastante importante como para que la marca interrumpiera temporalmente su comercialización. Según la reconstrucción histórica de Curbside Classic, el servofreno podía actuar de forma excesiva y facilitar el bloqueo de las ruedas delanteras en determinadas circunstancias. Lancia detuvo la producción a comienzos de 1978 para introducir correcciones.
El Chevrolet Corvette de 1980 destinado a California es un caso diferente: el principal motivo para evitarlo no era un problema de fiabilidad, sino unas prestaciones inferiores a las de otras versiones del deportivo. Las normas de emisiones más estrictas de ese estado obligaron a Chevrolet a sustituir el tradicional V8 de 350 pulgadas cúbicas por un V8 de 305 pulgadas cúbicas y 180 CV, asociado exclusivamente a una transmisión automática de tres velocidades.
El Jaguar XK8 de primera generación combina un diseño elegante con un motor V8 que convirtió al modelo en uno de los grandes turismos más representativos de Jaguar durante los años noventa. Sin embargo, las primeras unidades presentan dos puntos que merecen especial atención: las camisas de cilindro con recubrimiento Nikasil y los tensores de las cadenas de distribución.
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