Uno de los argumentos más repetidos contra los vehículos eléctricos es que no pueden recorrer distancias suficientes para cubrir las necesidades del día a día. Sin embargo, muchos modelos actuales ofrecen autonomías capaces de cubrir los desplazamientos habituales sin necesidad de realizar recargas constantes. Los trayectos al trabajo, las compras o los desplazamientos escolares suelen estar muy por debajo de la distancia que puede recorrer incluso un eléctrico de autonomía moderada. Además, quienes disponen de un cargador doméstico pueden comenzar cada jornada con la batería cargada, como si salieran de casa con el depósito lleno. Para los viajes largos, las redes de carga rápida y los sistemas de planificación de rutas también han mejorado considerablemente.
Aunque los vehículos eléctricos prescinden de elementos de mantenimiento propios de los motores de combustión, siguen necesitando sustituir determinados componentes, como el filtro del aire del habitáculo. Este elemento retiene polvo, polen y otras partículas que entran en el sistema de climatización. Cuando se ensucia demasiado, puede provocar malos olores, reducir el flujo de aire y favorecer que los cristales se empañen. Su sustitución suele ser relativamente sencilla y, en muchos modelos, puede realizarse en casa siguiendo las indicaciones del fabricante. Por tanto, conducir un eléctrico no significa olvidarse del mantenimiento básico del sistema de ventilación.
Las baterías de los coches eléctricos pierden capacidad con el paso del tiempo, pero eso no significa que vayan a quedar inutilizadas después de unos pocos años. Los sistemas modernos de gestión térmica y electrónica ayudan a controlar su desgaste, y muchos vehículos conservan una parte importante de su capacidad original después de acumular bastantes kilómetros. Además, numerosos fabricantes ofrecen garantías específicas para las baterías de alto voltaje, habitualmente con plazos y límites de kilometraje superiores a los de otros componentes. Aunque sustituir un paquete completo puede resultar caro, también están evolucionando las técnicas de reparación y sustitución de módulos. Al comprar un eléctrico usado, lo recomendable es comprobar el estado de salud de la batería y la garantía restante, en lugar de descartar automáticamente el vehículo por miedo a una avería futura.
La fabricación de un coche eléctrico, especialmente de su batería, puede generar más emisiones iniciales que la producción de un vehículo convencional. Sin embargo, comparar únicamente esa fase ofrece una imagen incompleta de su impacto ambiental. Durante la circulación, los motores eléctricos aprovechan la energía de forma mucho más eficiente que los motores de combustión y, dependiendo de la mezcla energética de cada país, pueden generar menos emisiones a lo largo de su vida útil. Además, cuando la red eléctrica incorpora más energía renovable, el impacto asociado a las recargas puede reducirse todavía más. El resultado depende del lugar de fabricación, la electricidad utilizada, el kilometraje y el vehículo de referencia, pero el origen fósil de parte de la electricidad no convierte automáticamente a un eléctrico en una opción más contaminante.
El precio de compra de algunos vehículos eléctricos sigue siendo superior al de sus equivalentes de combustión, pero afirmar que todos los eléctricos son más caros ignora los costes de utilización y las diferencias entre modelos. La electricidad puede resultar más económica por kilómetro que la gasolina, especialmente cuando el propietario dispone de una tarifa doméstica favorable. También suelen necesitar menos operaciones de mantenimiento porque prescinden de elementos como el aceite del motor, las bujías y determinados componentes de los sistemas de escape. A esto se suma el crecimiento del mercado de segunda mano, que ofrece cada vez más alternativas a precios inferiores. Para comparar correctamente dos vehículos, conviene calcular el coste total de propiedad, incluyendo compra, energía, mantenimiento, seguro y depreciación.
Las temperaturas bajas pueden reducir la autonomía de los vehículos eléctricos porque la batería trabaja con menor eficiencia y parte de la energía se utiliza para calentar el habitáculo. Sin embargo, el frío no impide utilizar un coche eléctrico durante el invierno. Muchos modelos actuales incorporan sistemas de preacondicionamiento que permiten calentar la batería antes de iniciar la marcha o durante la recarga. También pueden equipar bombas de calor, capaces de reducir el consumo energético de la climatización frente a determinadas soluciones convencionales. La velocidad, los neumáticos y el estilo de conducción siguen influyendo en la autonomía, como ocurre con cualquier automóvil. La diferencia está en que durante el invierno puede ser necesario planificar mejor los trayectos y las paradas de carga.
La disponibilidad de cargadores públicos todavía presenta diferencias importantes entre países y regiones, por lo que este problema no debe ignorarse. Sin embargo, no todos los propietarios dependen de las estaciones públicas para cargar sus vehículos. Quienes tienen garaje o una plaza con instalación eléctrica pueden realizar la mayoría de las recargas en casa, aprovechando las horas más económicas de su tarifa. Para quienes viven en edificios sin cargador propio, las redes públicas y los puntos de recarga en centros comerciales, aparcamientos y lugares de trabajo pueden ofrecer alternativas, aunque su conveniencia depende de la zona. Además, los navegadores y aplicaciones permiten localizar estaciones, consultar su disponibilidad y organizar rutas con paradas. La infraestructura sigue creciendo, pero la experiencia de uso depende especialmente de las posibilidades de carga de cada conductor.