Su V8 426 sobre un chasis corto descompensaba el conjunto. El balanceo de la carrocería y una zaga nerviosa exigían constantes correcciones. La legendaria aceleración se pagaba con una falta de confianza en curvas, sobre todo en pavimento irregular.
Poderoso en recta, pero con un morro cargado que favorecía el subviraje y una dirección lenta de respuesta. La suspensión orientada al confort y los neumáticos estrechos hacían que la carrocería tardase en asentarse en curvas rápidas.
El volumen frontal y la geometría anticuada provocaban una dirección vaga y lenta. La trasera perdía tracción al acelerar en curva y, en asfalto irregular, carrocería y neumáticos parecían moverse por separado.
Su empuje brutal se combinaba con muelles y amortiguadores blandos, provocando gran balanceo y chasis lento en asentarse. Los frenos de la época y la dirección orientada al confort hacían que el frontal se abriera en curvas mientras la carrocería oscilaba.
Con motores más potentes que mejoras en frenos o suspensión, y un eje trasero rígido, el Mach 1 podía ser emocionante a ritmo medio pero traicionero al exigirlo. Transferencias de peso y juego en la dirección obligaban a correcciones delicadas.
Aunque parecía listo para curvas, la dirección anestesiada y la suspensión de serie permitían mucho movimiento de carrocería. Las curvas con baches podían descolocar al coche antes de que el chasis se asentara.
Compacto y potente, su corta batalla provocaba reacciones nerviosas a alta velocidad. Pequeños movimientos del volante tenían efectos exagerados, y la respuesta del coche en curvas podía ser impredecible cuando se exigía más que un paseo.
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