Este exclusivo one-off fue creado por Harley Earl para Wallis Simpson, duquesa de Windsor, tras su llegada a Estados Unidos junto al exrey Eduardo VIII. El auto fue un obsequio personal de Alfred P. Sloan Jr., máximo responsable de General Motors.
Construido sin restricciones, incorporaba lo mejor que Cadillac podía ofrecer: motor V8 artesanal, caja automática Hydramatic, división interna de vidrio y hasta ventanas eléctricas, algo extremadamente raro para la época. Su carrocería era completamente única y marcó el estilo frontal de los Cadillac de 1941.
Inspirado en la participación de Cadillac en las 24 Horas de Le Mans de 1950, este modelo representaba la visión de un deportivo de lujo apto para la calle. Tenía parabrisas envolvente y asientos que se desplazaban automáticamente al abrir las puertas.
A pesar de su aspecto listo para producción, el lanzamiento del Chevrolet Corvette dentro del grupo GM limitó su futuro. Solo se construyeron cuatro unidades, y el proyecto quedó archivado definitivamente.
Aunque Cadillac tuvo en distintos momentos la ambición de ingresar al mercado europeo, sus modelos de producción nunca lograron consolidarse de ese lado del Atlántico. Sin embargo, de haber seguido el camino marcado por el Series 62 Coupé diseñado por Ghia, la historia podría haber sido muy distinta.
Este elegante coupé de dos puertas estaba basado en el chasis de un Series 62 convertible y fue creado por Luigi Segre en los talleres de Ghia, junto a una segunda unidad idéntica. Bajo el capó montaba un V8 de 331 pulgadas cúbicas (5.4 litros), asociado a una caja automática de cuatro marchas, combinando lujo estadounidense con refinamiento europeo.
Incluía todos los rasgos de diseño de la época: parabrisas panorámico, ópticas cuádruples y paragolpes con proyectiles. Aunque nunca se produjo, influyó claramente en el lenguaje estético de Cadillac durante los años siguientes.
Diseñado por Pininfarina, este modelo ofrecía una interpretación europea del lujo estadounidense. Su enorme parrilla ovalada con la “V” de Cadillac era el rasgo más llamativo, aunque el resto del diseño era bajo, elegante y deportivo.
Ganó premios de diseño en Europa, pero no logró convencer a la cúpula de Cadillac. A pesar del reconocimiento internacional, el PF200 quedó como un elegante experimento sin continuidad.
Este roadster compacto buscaba revivir el nombre LaSalle y diversificar la gama Cadillac en pleno auge de los grandes sedanes cromados. Fue revolucionario para la marca: estructura monocasco y motor V6 en lugar del clásico V8.
Diseñado bajo la supervisión de Harley Earl, mostraba ruedas más expuestas y un parabrisas muy inclinado. Técnicamente avanzado, solo se construyeron dos prototipos.
Este roadster compacto buscaba revivir el nombre LaSalle y diversificar la gama Cadillac en pleno auge de los grandes sedanes cromados. Fue revolucionario para la marca: estructura monocasco y motor V6 en lugar del clásico V8.
Diseñado bajo la supervisión de Harley Earl, mostraba ruedas más expuestas y un parabrisas muy inclinado. Técnicamente avanzado, solo se construyeron dos prototipos.
Aunque el Convertible recorrió varios salones europeos, no despertó interés comercial en Cadillac. Aun así, anticipó el diseño más sobrio que la marca adoptaría en los años 60.
Diseñados por Pininfarina, estos modelos mostraban una alternativa más limpia y refinada al exceso de aletas y cromados de la época. Sus líneas simples y elegantes recordaban a los grandes GT europeos.
Aunque el Convertible recorrió varios salones europeos, no despertó interés comercial en Cadillac. Aun así, anticipó el diseño más sobrio que la marca adoptaría en los años 60.
Detrás de sus conos frontales se escondía un sistema primitivo de alerta de colisión, precursor de tecnologías actuales. Muchas de sus ideas eran demasiado futuristas, pero varias terminaron influyendo en modelos posteriores.
Más que un concept car, el Cyclone era un verdadero laboratorio sobre ruedas. Equipado con un V8 de 6.4 litros y transmisión transaxle automática, ofrecía una distribución de peso avanzada para su tiempo.
Detrás de sus conos frontales se escondía un sistema primitivo de alerta de colisión, precursor de tecnologías actuales. Muchas de sus ideas eran demasiado futuristas, pero varias terminaron influyendo en modelos posteriores.
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