El Ford Durango fue uno de los intentos más peculiares de la marca para recuperar el concepto de una pick-up basada en un turismo a comienzos de los años 80. Tomó como punto de partida el Ford Fairmont Futura y nació como una respuesta al enorme éxito del Chevrolet El Camino, en un proyecto desarrollado junto a National Coach Products. La transformación de la carrocería elevaba considerablemente los costes y, por tanto, su precio final, pese a ofrecer una interesante combinación de comodidad de turismo y utilidad de una camioneta. Su producción se limitó aproximadamente a 1980-1982, con la mayoría de las unidades correspondientes al año 1981, y se fabricaron menos de 200 ejemplares según las estimaciones más habituales. Esa enorme rareza ha convertido al Durango en una pieza especialmente atractiva para coleccionistas interesados en los experimentos menos conocidos de Ford.
El Ford XC Falcon Cobra representa uno de los capítulos más interesantes de la historia de Ford Australia. A finales de los años 70, la compañía acumulaba carrocerías de coupé XC Falcon que no habían encontrado comprador y decidió convertirlas en una edición especial de altas prestaciones que también ayudara a celebrar sus éxitos en competición. El resultado recibió una característica decoración azul y blanca, distintivos Cobra, toma de aire sobre el capó y motores V8 302 y 351. La apuesta terminó siendo mucho más exitosa de lo esperado: Ford Australia fabricó 400 unidades y consiguió venderlas todas. Lo que comenzó como una solución para dar salida a carrocerías sobrantes terminó transformándose en uno de los Ford australianos más deseados por los coleccionistas.
El Ford Eifel demuestra hasta qué punto la marca adaptaba sus productos a las necesidades de mercados concretos. Producido en Alemania entre 1935 y 1939, fue desarrollado teniendo en cuenta un escenario marcado por elevados impuestos y restricciones a la importación de componentes, por lo que Ford recurrió cada vez más a piezas de origen local. El modelo llegó a ofrecer una enorme variedad de carrocerías, desde berlinas y vehículos comerciales hasta elegantes roadsters realizados por más de una docena de carroceros alemanes. Con alrededor de 61.000 unidades fabricadas, tuvo durante un tiempo un papel importante para Ford en el competitivo mercado alemán. Hoy, sin embargo, es un clásico extremadamente poco frecuente fuera de su país de origen.
El Ford Vendôme fue la apuesta de la marca por hacerse un hueco en el mercado francés de vehículos de mayor categoría durante los años 50. Derivado conceptualmente de la estrategia que había acompañado al Vedette, buscaba ofrecer más lujo, refinamiento y prestigio a los clientes europeos. Su carrocería incorporaba abundantes elementos cromados y bajo el capó utilizaba un suave motor V8, pero llegó a un mercado complicado por los impuestos y por una demanda cada vez más difícil. Las ventas no alcanzaron las expectativas y su producción terminó después de algo más de 3.000 unidades. Posteriormente, Ford vendió su filial francesa a Simca, dejando al Vendôme como uno de los capítulos más olvidados de la historia europea de la compañía.
El Ford Bantam fue una de las historias de éxito regional más importantes de Ford en Sudáfrica. Esta pequeña pick-up, conocida localmente como bakkie, combinaba las dimensiones y el comportamiento de un turismo con una práctica zona de carga, priorizando precio, consumo y facilidad de uso frente a la capacidad de remolque de las camionetas más grandes. Utilizó elementos procedentes de plataformas compactas de Ford, incluyendo soluciones relacionadas con los Escort y Fiesta, y evolucionó a lo largo de varias generaciones desde su lanzamiento en los años 80 hasta el final de su producción en 2011. Se fabricaron alrededor de 275.936 unidades, pero su carácter exclusivamente regional hizo que permaneciera prácticamente desconocido fuera de Sudáfrica. Ford finalmente optó por concentrarse en vehículos de mayor tamaño como el Ranger.
Mucho antes de que los coches eléctricos se convirtieran en una de las grandes prioridades de la industria, Ford experimentó con la movilidad urbana mediante el Th!nk City. La compañía adquirió una empresa especializada en vehículos eléctricos y comercializó este pequeño modelo entre 2002 y 2003, concebido principalmente para desplazamientos urbanos y trayectos cortos. Su velocidad máxima rondaba las 62 mph, unos 100 km/h, mientras que su autonomía se situaba alrededor de las 50 millas, aproximadamente 80 kilómetros. El problema fue que su coste de adquisición resultaba demasiado elevado para muchos clientes y las ventas fueron muy reducidas. Se fabricaron algo más de 1.000 unidades antes de que Ford abandonara el proyecto. Aunque pasó prácticamente desapercibido, hoy representa un curioso antecedente de la actual estrategia de electrificación.
El Ford Raider fue otro experimento destinado exclusivamente al mercado australiano. Se comercializó entre 1991 y 1996 y tenía un origen particularmente curioso: no era un desarrollo completamente propio de Ford, sino un vehículo derivado de un robusto SUV de Mazda relacionado con la familia de pick-ups B-Series. En aquella época, los SUV todavía estaban creciendo en popularidad y recurrir a acuerdos entre fabricantes permitía entrar rápidamente en este segmento sin asumir el enorme coste de desarrollar un vehículo desde cero. El Raider ofrecía capacidades todoterreno y versatilidad para trabajo y ocio, pero nunca consiguió convertirse en un éxito comercial. Con el paso de los años, la mayoría de las unidades desaparecieron de las carreteras australianas, convirtiendo a los ejemplares supervivientes en una rareza especialmente interesante.
El Ford FPV Super Pursuit representa prácticamente el final de una era para los grandes deportivos utilitarios australianos. Lanzado en 2009 por Ford Performance Vehicles, combinaba la practicidad de una pick-up con la filosofía de un auténtico muscle car. Bajo el capó escondía un V8 de 5,4 litros con 422 CV, encargado de enviar la potencia al eje trasero. Su principal rival era el espectacular HSV Maloo, otro de los grandes representantes de la cultura australiana de las performance utes. El declive de los deportivos fabricados localmente terminó afectando a esta categoría, pero el Super Pursuit ha ganado interés entre los coleccionistas precisamente por representar uno de los últimos capítulos de los V8 australianos de altas prestaciones.
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