Cuando el Nissan 350Z llegó en 2003, buena parte de las críticas se centraron en los plásticos del interior y su apariencia relativamente sencilla. Sin embargo, detrás de esa presentación había una combinación muy atractiva: motor VQ, tracción trasera y un chasis capaz de ofrecer una conducción mucho más divertida de lo que sugería su precio. Con el paso de los años, el 350Z ha ganado precisamente el reconocimiento que no siempre recibió cuando era nuevo.
El Pulsar GTI-R nació durante la época de los coches de homologación para rally y llevó esa filosofía a una carrocería compacta. Su motor turbo SR20DET y la tracción integral lo convirtieron en una máquina mucho más seria de lo que podía parecer por su tamaño. Su combinación de peso contenido, turbo y cuatro ruedas motrices explica por qué se convirtió en uno de los Nissan más especiales de aquella generación.
El Nissan Primera GT tenía una apariencia discreta que podía hacerlo pasar completamente desapercibido. Sin embargo, bajo su aspecto de berlina familiar de finales de los años 90 escondía un comportamiento dinámico especialmente preciso. Su puesta a punto del chasis y su capacidad para afrontar curvas con mucha confianza hicieron que quienes realmente lo condujeron descubrieran un coche bastante más interesante de lo que sugería su diseño.
Durante años, el Skyline se llevó prácticamente todos los focos dentro de la gama japonesa, mientras que el Laurel permanecía en un segundo plano. Eso no significa que careciera de argumentos: determinadas versiones utilizaron motores de la familia RB y mantuvieron la configuración de propulsión trasera, convirtiéndose en una base interesante para preparaciones y proyectos de estilo VIP. Su combinación de elegancia y posibilidades mecánicas terminó ganándole seguidores entre los aficionados.
El Datsun 510 ayudó a construir la imagen deportiva de la marca durante finales de los años 60 y principios de los 70. Ligero, sencillo y fácil de modificar, ofrecía una plataforma con la que los aficionados podían aprender a conducir y preparar un coche sin necesidad de realizar grandes inversiones. Su popularidad entre los entusiastas terminó convirtiéndolo en uno de los clásicos japoneses más reconocibles.
El Maxima SE de los años 90 podía confundirse fácilmente con una berlina convencional, pero su planteamiento era bastante más interesante. El motor V6 y una puesta a punto más deportiva le permitían combinar espacio y comodidad con unas prestaciones que no eran habituales entre las berlinas familiares de su época. Precisamente su aspecto discreto hizo que muchos conductores no apreciaran todo lo que ofrecía.
El R33 GT-R ha pasado buena parte de su historia a la sombra del R32 y el R34, pero su capacidad técnica y sus prestaciones estaban fuera de toda duda. Lanzado a mediados de los años 90, combinaba el motor RB26DETT con tracción integral y un avanzado sistema de gestión del chasis. Sus registros en Nürburgring contribuyeron además a demostrar que el R33 era mucho más rápido y competente de lo que algunos aficionados estaban dispuestos a reconocer.
Cuando apareció en 2009, algunos aficionados lo consideraron simplemente una evolución del 350Z. Sin embargo, el 370Z introdujo una batalla más corta, una estructura más rígida y el motor VQ37VHR de 332 CV, elementos que contribuyeron a conseguir un comportamiento más preciso. La evolución podía no resultar revolucionaria a primera vista, pero permitió que el Z ofreciera una conducción más compacta, directa y refinada.