El Shelby Cobra Daytona Coupe CSX2287 ocupa el número 1 del National Historic Vehicle Register, gracias a su papel en la competición internacional. El coupé fue desarrollado por el equipo de Carroll Shelby para enfrentarse a los grandes fabricantes europeos y en 1965 llegó a establecer 23 récords de velocidad en Bonneville. Actualmente forma parte de la colección del Simeone Foundation Automotive Museum de Filadelfia.
El Mercury Hirohata fue transformado por los hermanos Barris y recibió una carrocería en color Ice Green, techo rebajado y numerosos elementos eliminados para conseguir una imagen más limpia. El automóvil se convirtió en una referencia fundamental del movimiento kustom y actualmente se conserva en el Petersen Automotive Museum de Los Ángeles. Su estilo terminó siendo imitado durante décadas por constructores de coches personalizados.
Bruce Meyers construyó «Old Red» como uno de los primeros ejemplos de su revolucionario Manx con carrocería de fibra de vidrio. El vehículo ayudó a establecer el concepto moderno del dune buggy y fue utilizado intensamente por su propio creador tanto en desplazamientos recreativos como en competición todoterreno. A diferencia de muchos prototipos históricos, Old Red todavía funciona y conserva buena parte de su carácter original.
General Motors fabricó únicamente 12 Futurliners para su Parade of Progress, una exposición itinerante que recorrió Estados Unidos mostrando al público las tecnologías que podían transformar el futuro. Estos enormes vehículos funcionaban como escenarios móviles y continuaron participando en las giras de GM hasta 1956. Los ejemplares supervivientes son hoy auténticos monumentos rodantes de aquella época.
Diseñado por Harley Earl como su automóvil personal, el Buick Y-Job está considerado el primer concept car moderno, concebido para mostrar nuevas ideas de diseño sin intención inmediata de venderlo al público. General Motors conservó el vehículo durante décadas y su influencia continúa presente en los numerosos prototipos que los fabricantes presentan actualmente para anticipar el futuro de sus gamas.
El Marmon Wasp pasó a la historia al ganar la primera edición de las 500 Millas de Indianápolis en 1911, pilotado por Ray Harroun. A diferencia de la mayoría de sus rivales, Harroun compitió sin mecánico acompañante gracias a la utilización de un espejo retrovisor, una solución que se convertiría en uno de los elementos esenciales de los automóviles modernos.
El Thomas Flyer consiguió en 1908 una de las hazañas automovilísticas más extraordinarias de los primeros años del automóvil al ganar la carrera Nueva York-París. El recorrido superó los 22.000 kilómetros y duró 169 días, atravesando tres continentes en una época en la que gran parte del trayecto ni siquiera contaba con carreteras asfaltadas. Su victoria sirvió para demostrar hasta dónde podía llegar la fiabilidad de un automóvil.
Chrysler construyó 50 unidades del Turbine Car y permitió que 203 conductores particulares las utilizaran para comprobar el funcionamiento de su revolucionario motor de turbina. El propulsor podía funcionar con diferentes combustibles, entre ellos queroseno, diésel, gasolina sin plomo e incluso tequila. Solo nueve ejemplares han sobrevivido, convirtiéndose en testimonios de una tecnología que nunca llegó a producirse en masa.
El Ford Mustang utilizado en las escenas de persecución de Bullitt protagonizadas por Steve McQueen permaneció 44 años escondido en el garaje de una misma familia antes de que su existencia fuese confirmada públicamente. Su documentación forma parte de los registros históricos de la Library of Congress, convirtiéndolo en mucho más que un simple Mustang: es una pieza auténtica de la historia del cine y del automóvil.
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