El Lancia Stratos Zero es uno de los concept cars más radicales de la historia. Con apenas 84 cm de altura y una carrocería en forma de cuña, parecía un vehículo sacado de una película de ciencia ficción.
Su acceso no tenía puertas convencionales, sino un parabrisas abatible, y montaba un motor V4 de origen Lancia con potencia modesta. El modelo de producción posterior, el Stratos, sí se convirtió en leyenda del rally, pero sin este nivel de extremo diseño.
El Buick Centurion fue presentado como un ejercicio futurista en los años 50. Su carrocería de fibra de vidrio y su cúpula transparente lo hacían parecer una nave espacial sobre ruedas.
Incluía incluso una cámara trasera con pantalla en el salpicadero, algo revolucionario para la época. Sin embargo, la gama de producción de Buick siguió un camino mucho más conservador.
El BMW M1 Hommage fue un tributo moderno al icónico M1 original. Su diseño afilado combinaba líneas retro con una visión futurista muy agresiva.
Aunque nunca llegó a producción, sirvió como declaración de intenciones del lenguaje de diseño de BMW en aquella etapa. El modelo real posterior fue mucho más convencional y pesado.
El Chrysler ME Four-Twelve fue un superdeportivo conceptual extremadamente ambicioso. Montaba un V12 con cuatro turbos y más de 800 caballos de potencia.
Prometía cifras de aceleración de hipercoche moderno, pero nunca llegó a producción, en parte por costes y contexto económico. Chrysler no volvió a acercarse a ese nivel de rendimiento.
El Ford GT90 fue un experimento extremo con diseño angular y un motor V12 quad-turbo. Su estética parecía más un prototipo aeroespacial que un coche convencional.
Aunque sus cifras eran teóricamente espectaculares, nunca se convirtió en modelo de calle. El Ford GT posterior fue mucho más contenido en comparación.
El Pontiac Banshee IV anticipaba el diseño del futuro Firebird, pero llevado mucho más lejos. Su estética era más baja, más agresiva y mucho más futurista.
Incluía interior digital y soluciones de diseño avanzadas para su época. El modelo de producción perdió gran parte de esa radicalidad.
El Lincoln Quicksilver rompía por completo con la filosofía tradicional de la marca. Era un deportivo de motor central con diseño muy bajo y aerodinámico.
Su interior apostaba por un enfoque más deportivo y moderno, algo muy poco habitual en Lincoln en los años 80. Nunca llegó a producción.
El Cadillac Cien fue un superdeportivo con motor V12 y diseño extremadamente agresivo. Utilizaba materiales ligeros como fibra de carbono y un enfoque totalmente radical.
Aunque era funcional, GM nunca lo llevó a producción por costes y estrategia comercial. Cadillac tardó años en recuperar una imagen deportiva sólida.
El Nissan Figaro nació dentro de la línea de conceptos retro de Nissan. Su diseño clásico reinterpretado lo convertía en un coche muy distintivo para su época.
La versión de producción mantuvo parte del encanto, pero redujo potencia y acabados para hacerlo viable comercialmente. El concepto original era mucho más ambicioso en calidad percibida.
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