El final de una era: en agosto de 2026, Lexus puso fin a la producción del LC 500, el último modelo de su gama equipado con un motor V8 atmosférico. Con su despedida, concluye una etapa que comenzó con el IS F y que convirtió a estos deportivos japoneses en alternativas diferentes dentro del segmento prémium.
Un motor con personalidad propia: el V8 de 5,0 litros desarrollado en colaboración con Yamaha destacaba por su entrega de potencia lineal, su sonido característico y una respuesta que no dependía de la sobrealimentación. Un planteamiento cada vez menos habitual en una industria dominada por motores turboalimentados y sistemas de electrificación.
Un futuro como clásico: la exclusividad de estos modelos y la creciente nostalgia por los motores atmosféricos podrían favorecer su atractivo entre los coleccionistas. El LC 500 y el IS 500 figuran entre los Lexus que podrían ganar interés con el paso de los años.
El primer modelo en estrenarlo: el Lexus IS F fue el encargado de introducir el motor 2UR-GSE en la gama deportiva de la marca. Este V8 atmosférico, desarrollado junto a Yamaha, combinaba un régimen de giro elevado con una entrega de potencia contundente.
Deportivo sin renunciar a la practicidad: a diferencia de un coupé concebido exclusivamente para las prestaciones, el IS F ofrecía una carrocería de cuatro puertas y un interior utilizable en el día a día. Su propuesta permitió a Lexus competir con las berlinas deportivas alemanas sin renunciar a su propia identidad mecánica.
Más protagonismo para las prestaciones: tras su debut en el IS F, el motor 2UR-GSE llegó al Lexus RC F, un coupé que apostaba por una conducción deportiva y una estética más agresiva.
Respuesta inmediata y sonido inconfundible: la ausencia de turbocompresores permitía disfrutar de una conexión directa entre el acelerador y el motor. El sonido del V8 y su capacidad para subir de revoluciones se convirtieron en dos de sus principales argumentos frente a rivales con motores más pequeños y sobrealimentados.
Una berlina con carácter deportivo: el Lexus GS F incorporó el mismo V8 atmosférico de 5,0 litros para ofrecer una combinación de confort, refinamiento y prestaciones. Su planteamiento estaba dirigido a quienes buscaban una berlina de lujo capaz de proporcionar sensaciones propias de un deportivo.
Una fórmula cada vez más difícil de encontrar: mientras buena parte de sus competidores recurrían a motores turboalimentados para mejorar la eficiencia y reducir las emisiones, el GS F mantenía una mecánica de gran cilindrada que priorizaba la respuesta natural y el placer de conducción.
471 CV sin turbocompresores: el Lexus LC 500 equipaba el motor 2UR-GSE, un V8 atmosférico de 5,0 litros desarrollado en colaboración con Yamaha. Entregaba 471 CV y 539 Nm de par máximo, unas cifras que acompañaban a su diseño de gran turismo y a su orientación deportiva.
Un motor que invita a subir de revoluciones: la potencia máxima llegaba a 7.100 rpm, mientras que el corte de encendido se situaba en 7.300 rpm. Estas características permitían explotar una banda de revoluciones amplia y disfrutar de una entrega progresiva, una experiencia cada vez menos frecuente en los deportivos modernos.
Componentes diseñados para mejorar el rendimiento: el 2UR-GSE incorporaba válvulas de admisión de titanio y válvulas de escape huecas. Estas soluciones contribuían a optimizar el funcionamiento del motor y su capacidad para trabajar a regímenes elevados.
Inyección D-4S de doble sistema: otra de sus particularidades era la tecnología de inyección D-4S, que combinaba inyección directa e indirecta para adaptar el suministro de combustible a las condiciones de funcionamiento. El resultado era una mecánica que unía sofisticación técnica con una arquitectura tradicional de ocho cilindros atmosféricos.
Confort y precisión en carretera: el Lexus LC 500 combinaba su V8 con una suspensión adaptativa diseñada para equilibrar estabilidad, comodidad y comportamiento dinámico. Esta configuración le permitía afrontar viajes largos sin renunciar a una conducción exigente cuando las condiciones lo permitían.
Un rival de los grandes GT europeos: su habitáculo lujoso, su diseño distintivo y su planteamiento como gran turismo lo situaban frente a modelos como el Bentley Continental GT. Sin embargo, el Lexus ofrecía una propuesta más accesible, manteniendo una combinación singular de exclusividad, prestaciones y refinamiento.
Una apuesta contraria a la tendencia del mercado: durante años, numerosos fabricantes sustituyeron los motores atmosféricos de gran cilindrada por bloques más pequeños y turboalimentados. Lexus mantuvo el V8 de 5,0 litros en el LC 500, preservando una configuración que cada vez tenía menos presencia en el mercado.
El valor de una experiencia diferente: más allá de la potencia máxima, el LC 500 destacaba por su sonido, la progresividad de su aceleración y la ausencia de la respuesta característica de un turbocompresor. Su planteamiento representaba una filosofía de ingeniería que priorizaba las sensaciones mecánicas frente a la búsqueda exclusiva de eficiencia.
El cierre de una etapa histórica: la producción del Lexus LC 500 terminó en agosto de 2026, marcando el final de la etapa de los V8 atmosféricos en la gama de Lexus. El modelo se despide como uno de los últimos representantes de una fórmula que combinaba un motor de gran cilindrada con lujo y diseño de vanguardia.
Una despedida que puede aumentar su atractivo: el final de su fabricación refuerza el carácter especial del LC 500 dentro de la historia de la marca. En un mercado cada vez más electrificado, los modelos con motores atmosféricos de ocho cilindros podrían adquirir un valor emocional y coleccionista mayor, especialmente entre quienes buscan una experiencia de conducción difícil de reproducir en los deportivos actuales.
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