Nissan llegó a ofrecer una impresora de tickets de aparcamiento automático en algunos de sus modelos, con la idea de facilitar la tarea de estacionar. Sin embargo, en la era de las apps y los parquímetros digitales, resultó un completo despropósito. Una curiosidad que hoy parece más un gadget de museo que una ayuda real para el conductor.
El lujo británico llevó al Bentley Mulsanne a incluir un enfriador de champán en el maletero. Aunque encaja con la imagen de exclusividad de la marca, pocos conductores le sacaron verdadero partido. Quitaba espacio útil y exigía cuidados adicionales. En la práctica, una nevera portátil convencional hacía el mismo trabajo por una fracción del coste.
Algunos SUV de Land Rover llegaron a ofrecer un mini frigorífico pensado para las mascotas. Aunque puede sonar entrañable, la realidad es que la mayoría de los animales no necesitan tal invento. El espacio ocupado por este sistema podría haberse aprovechado para asistentes de conducción o sistemas de infoentretenimiento más avanzados.
El Morgan Three-Wheeler, con su estilo retro, montó un reloj de sol en el tablero de instrumentos. Un guiño histórico que, sin embargo, carece de cualquier utilidad en el día a día. Con relojes digitales, pantallas LCD y hasta sincronización satelital vía GPS, confiar en un sundial es tan poco práctico como intentar seguir una carrera de Fórmula 1 con un cronómetro de bolsillo.
Fiat apostó por atraer a los más cafeteros con una cafetera espresso incorporada en el Fiat 500L. Sobre el papel parecía ideal: un café listo mientras conducías. En la práctica, se topó con problemas de seguridad, comodidad y lógica. Al final, parar en una cafetería o usar una máquina portátil resultaba mucho más sensato.
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