El Panther De Ville de 1974 parecía inspirado directamente en el Bugatti Royale, aunque en formato más utilizable. Se ofreció como berlina, limusina, coupé y también roadster, convirtiéndose en uno de los coches más llamativos de su tiempo.
Solo unas 60 unidades fueron fabricadas y once correspondieron a versiones abiertas. Bajo su apariencia teatral escondía mecánica Jaguar, con motores seis cilindros o V12, además de suspensión y dirección heredadas del XJ.
Décadas antes del boom del diseño retro, el Mercer-Cobra Roadster de 1965 ya jugaba con la nostalgia. Virgil Exner imaginó cómo sería un moderno Mercer Runabout y utilizó como base un AC Cobra, alargando su batalla para adaptar las proporciones clásicas.
Construido para George M. Hartley, presidente de la Copper Development Association, incorporó detalles en cobre pulido en parrilla, escapes y llantas. Una mezcla extravagante entre muscle car y clásico americano.
El Aston Martin Jaguar C-Type Roadster de 1959 nació de una combinación que hoy parecería imposible. Una carrocería Aston Martin Type C Speed terminó instalada sobre un chasis de Jaguar XK150, creando un híbrido artesanal con enorme personalidad.
El resultado combinaba elegancia británica con el conocido motor Jaguar XK de 3.4 litros. Su rendimiento era notable y, curiosamente, tanto aficionados de Aston Martin como de Jaguar aceptaron con entusiasmo esta extraña fusión.
El Bugatti Type 101C Roadster de 1951 es una de las piezas más desconocidas de la firma francesa. Solo se fabricaron siete chasis originales, de los cuales cuatro recibieron carrocería abierta, lo que hoy lo convierte en una joya extremadamente rara.
La última unidad apareció en 1965 con diseño de Virgil Exner y fabricación de Ghia para el Salón de Turín. Ni siquiera sus líneas espectaculares lograron atraer inversión suficiente para revivir Bugatti en aquella etapa.
El Bucciali TAV 8 Roadster de 1928 fue una creación revolucionaria para su época. Los hermanos Bucciali diseñaron un coche extremadamente avanzado, con motor de ocho cilindros en línea y tracción delantera asociada a una transmisión CVT, una solución impensable para finales de los años veinte.
Su carrocería baja y elegante, firmada en varias unidades por Saoutchik, remataba una silueta casi futurista. Incluso existieron variantes aún más radicales con motor V12 y una versión “Double Huit” con dos motores de ocho cilindros unidos.
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