El Lotus Evora de 2009 tenía todo lo necesario para convertirse en el coche que devolviera a Lotus a los primeros planos. Su excelente comportamiento dinámico, unas prestaciones más que suficientes y un habitáculo mucho más cuidado que el de anteriores modelos de la marca demostraban que Lotus podía ofrecer algo más que sensaciones al volante. El interior, de hecho, alcanzó unos niveles de calidad cercanos a los de sus principales rivales. Sin embargo, todas esas virtudes no se tradujeron en unas ventas importantes. El Evora nunca consiguió iniciar una verdadera curva ascendente de matriculaciones, pese a contar con un conjunto dinámico extraordinariamente convincente.
El McLaren MP4-12C de 2011 fue un logro enorme tanto desde el punto de vista técnico como empresarial. La utilización de un habitáculo monocasco de fibra de carbono, un confort de marcha sorprendentemente bueno y un motor V8 biturbo capaz de ofrecer unas prestaciones extraordinarias demostraban la enorme capacidad de McLaren. Su propulsor entregaba una respuesta contundente y un carácter que podía resultar incluso intimidante. Sin embargo, el conjunto no terminó de funcionar como esperaba la marca y el MP4-12C no consiguió imponerse a su contemporáneo de Ferrari. Aun así, su importancia para McLaren fue mucho mayor que la de un simple deportivo.
El Jaguar F-Type de 2013 tenía una misión casi imposible: despertar parte de la emoción que había generado décadas atrás el legendario E-Type. Evidentemente, no se podía esperar que repitiera aquella revolución, pero el F-Type contaba con dos argumentos fundamentales: un diseño espectacular y unas prestaciones contundentes. El coupé destacaba especialmente por sus proporciones y su presencia, mientras que las diferentes versiones ofrecían el rendimiento necesario para convertirlo en un auténtico deportivo. Su comportamiento dinámico no alcanzó siempre el nivel esperado, y tanto el coupé como el descapotable tuvieron ventas relativamente lentas, pero el F-Type consiguió devolver a Jaguar un deportivo capaz de llamar la atención.
El Ford Escort Mexico de 1970 nació directamente inspirado por la victoria de Ford en el rally entre Londres y México, de donde tomó su nombre. Su propulsor era un Kent Crossflow de 88 CV, acompañado por una carrocería reforzada y una suspensión compartida con el radical RS1600. El resultado fue una versión especialmente entretenida para utilizar en carretera y mucho más accesible que un auténtico coche de competición. El Escort Mexico consiguió trasladar parte de la esencia del programa de rally a un automóvil de producción, convirtiéndose en una de las variantes más interesantes de la historia del Escort y en una muestra de cómo la competición podía influir directamente en los coches de calle.
El Range Rover de 2002 fue un proyecto especialmente importante para la evolución del todoterreno británico. El experto en desarrollo de producto de BMW Wolfgang Reitzle fue una de las figuras que más entusiasmo mostró ante la posibilidad de darle forma al modelo, y el resultado estuvo a la altura de las expectativas. Esta tercera generación presentó un concepto mucho más sofisticado, combinando las capacidades propias del Range Rover con un nivel de refinamiento y tecnología muy superior. El trabajo realizado durante su desarrollo permitió crear un vehículo de concepción especialmente cuidada. Más adelante, Reitzle volvería a encontrarse con el modelo cuando fue presentado bajo la propiedad de Ford, cerrando una etapa especialmente significativa para el Range Rover.
El TVR Sagaris de 2005 puede considerarse uno de los máximos exponentes de la filosofía de la marca británica. Su diseño era tan llamativo como el de sus predecesores y resultaba prácticamente imposible confundirlo con cualquier otro deportivo. Además, tenía el empuje necesario para provocar una buena dosis de respeto al volante, mientras que su comportamiento dinámico conseguía mantener bajo control semejante cantidad de prestaciones. El Sagaris reunía así las características que hicieron famosa a TVR: diseño extravagante, prestaciones elevadas y una experiencia de conducción sin demasiados filtros. La pregunta sigue siendo inevitable: ¿fue el Sagaris el punto culminante de TVR?
El Lotus Esprit de 1976 llevó a producción una de las siluetas más reconocibles de la historia del automóvil. Diseñado por Giorgetto Giugiaro, su espectacular carrocería en forma de cuña se apoyaba sobre un chasis de columna vertebral de acero, una carrocería de fibra de vidrio y el conocido motor de cuatro cilindros con doble árbol de levas de Lotus. Más adelante, el propulsor recibió turbocompresor, aumentando todavía más el atractivo del deportivo. El Esprit destacaba por su comportamiento y por una dirección especialmente precisa, aunque también arrastraba una reputación de fragilidad mecánica. En sus últimos años llegó incluso el V8, pero aquellas versiones no estuvieron a la altura de lo que muchos esperaban.
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