El Chevrolet Corvette Z06 de 2015 llevó el rendimiento americano a un nivel completamente nuevo gracias a su motor V8 LT4 sobrealimentado de 6,2 litros y 650 CV, capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en apenas 2,95 segundos. Su suspensión Magnetic Ride Control, la aerodinámica optimizada y un chasis ligero le permitieron enfrentarse sin complejos a los mejores deportivos europeos, consolidándose como uno de los Corvette más impresionantes jamás fabricados.
El Ford Mustang Shelby GT500 de 2020 redefinió el concepto de muscle car con un espectacular V8 sobrealimentado de 5,2 litros que desarrolla 760 CV. Asociado a una avanzada caja automática de doble embrague y una sofisticada puesta a punto del chasis, fue capaz de combinar aceleraciones fulgurantes con un comportamiento sobresaliente en circuito, convirtiéndose en el Mustang de producción más potente de la historia.
El Dodge Challenger SRT Hellcat, presentado en 2015, recuperó la esencia de los muscle cars tradicionales con un enorme motor HEMI V8 de 6,2 litros y hasta 717 CV. Su estética inspirada en los modelos de los años 70 escondía unas prestaciones capaces de plantar cara a deportivos mucho más sofisticados, todo ello acompañado de múltiples configuraciones para adaptarse a distintos estilos de conducción.
El Cadillac CTS-V de 2016 sorprendió al mercado al combinar el refinamiento propio de una berlina premium con un impresionante V8 sobrealimentado de 640 CV. Gracias a su suspensión adaptativa Magnetic Ride Control, un interior repleto de tecnología y una aceleración de 0 a 100 km/h en apenas 3,7 segundos, demostró que Cadillac también podía competir en el segmento de las berlinas deportivas de altas prestaciones.
El Chevrolet Camaro ZL1 de 2017 elevó el nivel de la saga gracias a un V8 sobrealimentado de 6,2 litros con 650 CV, acompañado de una avanzada aerodinámica y una puesta a punto claramente enfocada al circuito. Además de ofrecer una aceleración explosiva, incorporó tecnologías como el Head-Up Display y el Performance Data Recorder, convirtiéndose en uno de los muscle cars más completos de su generación.
Aunque no utiliza un V8, la Ford F-150 Raptor revolucionó el segmento de las pick-up deportivas con un motor V6 EcoBoost biturbo de 450 CV, capaz de ofrecer un rendimiento extraordinario tanto sobre asfalto como fuera de él. Su suspensión específica para conducción extrema, los neumáticos todoterreno y una aceleración impropia de un vehículo de este tamaño demostraron que una camioneta también podía ofrecer sensaciones de auténtico deportivo.
El Pontiac G8 GXP, producido entre 2008 y 2009, escondía bajo su elegante carrocería un potente motor LS3 V8 de 6,2 litros con 415 CV, asociado a una configuración de propulsión trasera que garantizaba una conducción muy deportiva. Su producción limitada y la desaparición de Pontiac han convertido a este modelo en una auténtica pieza de colección muy apreciada entre los aficionados a los V8 americanos.
El Dodge Charger SRT Hellcat demostró que una berlina de cuatro puertas podía ofrecer prestaciones de superdeportivo gracias a su motor HEMI V8 sobrealimentado de 6,2 litros y 707 CV. Capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en apenas 3,6 segundos, combinó espacio para toda la familia, tecnología de última generación y una potencia descomunal, convirtiéndose en uno de los sedanes más rápidos y espectaculares jamás fabricados en Estados Unidos.
Relacionadas
Ford también unificará sus sedanes
General Motors fue pionera de cierta manera cuando anunció hace un...