La situación de Alfa Romeo es especialmente preocupante. Sus ventas pasaron de casi 24.000 unidades en 2018 a solo 8.865 en 2024. El recorte de versiones deportivas Quadrifoglio, que eran el “halo” de la marca, ha reducido su atractivo entre los entusiastas. En el segundo trimestre de 2025, sus ventas cayeron otro 51%, reflejando un declive que parece irreversible.
Jaguar ha tomado una decisión radical: suspender gran parte de sus ventas en 2025 para acelerar su transición hacia una gama 100% eléctrica. Aunque la estrategia puede sonar visionaria, la realidad es que el año pasado apenas vendió 13.210 coches en EE.UU., lo que deja pocos recursos para financiar la transformación. Esta ausencia en el mercado amenaza con enfriar a clientes y concesionarios.
La marca premium Genesis ha logrado avances notables, pero sufre frente a rivales alemanes ya consolidados. El problema se agrava con un arancel del 25% a las importaciones desde Corea. Mientras otros fabricantes trasladan ese coste al cliente, Genesis lo absorbe, protegiendo sus precios en el corto plazo pero erosionando sus márgenes y poniendo en duda su viabilidad a largo plazo.
La estrategia de Fiat para volver al mercado estadounidense no ha dado los frutos esperados. Sus modelos, exitosos en Europa, no lograron atraer al público norteamericano. Stellantis, su grupo matriz, estudia recortes en sus 14 marcas y Fiat figura entre las más amenazadas, sobre todo ante el incremento de los costes derivados de los aranceles.
La caída de Chrysler es dramática: de vender más de 500.000 coches en 2005, pasó a apenas 145.000 en 2024, un desplome del 71%. Actualmente, su supervivencia depende casi exclusivamente de la minivan Pacifica. Concesionarios cerrando, impagos de préstamos y la cancelación del Airflow EV dejan un panorama muy incierto para el futuro de la marca.
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