Ford ha emitido una llamada a revisión de casi 48.000 vehículos de su gama 2025, incluyendo Mustang, Bronco, Ranger, Maverick, Explorer, Escape, Bronco Sport, Lincoln Nautilus y Corsair. El problema se centra en una válvula de recirculación de gases de escape defectuosa, que puede provocar pérdida repentina de potencia, convirtiéndose en un riesgo real para la seguridad de los conductores y pasajeros.
El fallo es especialmente peligroso a altas velocidades o en tráfico denso, donde la pérdida de potencia puede afectar maniobras críticas como adelantamientos o incorporaciones a la autopista. Para los propietarios de vehículos nuevos, este defecto socava la confianza en la fiabilidad esperada de un coche recién estrenado.
La situación se complica por la falta de una solución inmediata. Ford ha reconocido el problema, pero la reparación definitiva no estará disponible hasta septiembre, dejando a miles de conductores con la incertidumbre sobre la seguridad de sus vehículos mientras esperan la intervención.
Esta llamada a revisión no es un hecho aislado, sino parte de una tendencia preocupante. En lo que va de 2026, Ford ha emitido 19 avisos que afectan a más de 7,3 millones de vehículos, tras un récord de 103 retiradas en 2025. Algunos problemas se deben a software, mientras que otros, como fallos en dirección, frenos o riesgo de incendio, impactan directamente en la seguridad.
Ford defiende que su estrategia refleja un enfoque proactivo en materia de seguridad, priorizando la detección y corrección temprana de defectos. Sin embargo, el volumen de recalls frecuentes comienza a afectar la percepción de fiabilidad y control de calidad en toda la gama de productos.
Para los conductores, la lección es clara: a medida que los vehículos incorporan más sistemas avanzados y tecnología, los riesgos de fallos inesperados aumentan, y la confianza en la marca se pone a prueba. La pregunta crítica no es solo cómo solucionará Ford este defecto concreto, sino si podrá mantener la fiabilidad ante la rápida innovación de sus modelos.