Hay coches que triunfan en ventas, consumen poco y ofrecen una reputación sólida, pero aun así generan una curiosa sensación de rechazo entre muchos conductores. El Toyota Camry, por ejemplo, fue la berlina más vendida de Estados Unidos en 2024 y encadenó 23 años como líder de su categoría, aunque precisamente su carácter racional es lo que algunos consideran aburrido. Algo parecido ocurre con el Ram Pickup, quinto vehículo más vendido del país aquel año: frente a la enorme fidelidad que despiertan Ford y Chevrolet entre los compradores de pick-ups, el modelo de Ram no provoca el mismo entusiasmo.
La lista continúa con modelos que han convertido su estética en uno de sus principales motivos de controversia. El Mini Cooper gusta por su tamaño, facilidad para maniobrar y diseño británico, pero para otros resulta excesivamente “cuqui” y hasta frustrante cuando parece ocupar un hueco de aparcamiento que en realidad esconde un coche diminuto. El Ford Flex, cuya producción terminó en 2019, tampoco consiguió convencer a todos con su combinación de monovolumen y familiar de formas cuadradas. Y el Jeep Wrangler, pese a sus enormes capacidades todoterreno y sus puertas desmontables, puede parecer fuera de lugar circulando por zonas residenciales o aparcado frente a un supermercado.
El BMW XM lleva la polémica a otro nivel. La marca alemana suele asociarse con diseño deportivo, prestaciones y dinamismo, pero este SUV de altas prestaciones parte de 160.500 dólares en Estados Unidos y ha recibido durísimas críticas por su estética. El Nissan Leaf, por su parte, fue uno de los grandes pioneros del coche eléctrico desde 2010, aunque las primeras generaciones quedaron marcadas por un frontal muy peculiar que no convenció a todos. Aunque Nissan ha evolucionado considerablemente su diseño, todavía arrastra parte de aquella imagen entre sus detractores.
El Honda Civic comparte con el Camry una curiosa contradicción: es fiable, asequible y enormemente popular —más de 240.000 unidades fueron adquiridas en Estados Unidos durante 2024—, pero algunos conductores siguen considerándolo demasiado convencional. En el extremo opuesto aparece el Chrysler PT Cruiser, fabricado entre 2001 y 2010 y recordado todavía por una estética que generó rechazo desde el principio. Precisamente por eso ocupa el número 9 de esta lista y es señalado como uno de los coches más odiados, pese a que todavía quedan unidades circulando por las carreteras.
El Tesla Model Y demuestra que ni siquiera convertirse en uno de los coches más vendidos del planeta garantiza unanimidad. En 2024 superó 1,09 millones de unidades comercializadas a nivel mundial, pero las críticas relacionadas con los tiempos de reparación, además de la polémica alrededor de Tesla y de su consejero delegado, han deteriorado la percepción del modelo entre algunos conductores. El Subaru Forester, curiosamente, recibe críticas por un motivo completamente diferente: su fiabilidad y facilidad de reparación pueden ser un problema para algunos mecánicos, ya que necesita menos intervenciones y sus piezas suelen ser relativamente accesibles.
El último puesto corresponde a un vehículo que ni siquiera necesita un modelo concreto para despertar opiniones enfrentadas: el monovolumen. Desde el Chrysler Pacifica hasta el Toyota Sienna o el Honda Odyssey, estos vehículos continúan destacando por su enorme practicidad, espacio interior y capacidad familiar, pero perdieron atractivo cuando los SUV comenzaron a dominar el mercado. En definitiva, esta lista demuestra que ser fiable, práctico o vender millones de unidades no significa necesariamente ser querido: desde berlinas consideradas aburridas hasta diseños controvertidos, cada uno de estos coches ha encontrado una razón para convertirse en objeto de críticas.