Cuando llega la jubilación, las necesidades al volante pueden cambiar radicalmente y, según el experto en automoción Chris Pyle, de JustAnswer, algunos compradores siguen destinando demasiado dinero a vehículos cargados de prestaciones que quizá apenas utilizarán. Su análisis, publicado por GOBankingRates, pone el foco especialmente en modelos premium y acabados de alta gama, donde el precio puede crecer mucho más rápido que la utilidad práctica. Entre las marcas señaladas aparecen Mercedes-Benz, BMW, Audi, Porsche, Land Rover, Lexus y varios fabricantes estadounidenses.
La relación incluye modelos como Mercedes-Benz Clase S, SL, GLE, Clase G, Clase E y diferentes versiones AMG, además de Audi Q8, Q7 y A8. También aparecen el Lexus GX y LC, los Porsche Cayenne, Panamera y Macan, así como los BMW Serie 4, X5, X6, Z4 y M4. En el apartado de SUV de lujo también figuran Land Rover Defender y Range Rover, mientras que entre los estadounidenses aparecen Lincoln Navigator y Nautilus, Cadillac Escalade y Celestiq, GMC Yukon y Chevrolet Suburban.
La cuestión no es que estos vehículos sean necesariamente malos ni que sus sistemas tecnológicos carezcan de utilidad. El argumento de Pyle se centra en la relación entre el equipamiento adquirido y el uso real que hará cada propietario. Un jubilado que ya no realiza largos desplazamientos diarios puede tener necesidades diferentes a las de un profesional que pasa varias horas cada día en carretera. Por eso, elementos como sistemas de sonido premium, asientos especialmente sofisticados o determinados paquetes tecnológicos pueden tener una repercusión considerable sobre el precio final.
El análisis también pone el foco en las pick-up de media tonelada, tres cuartos de tonelada y una tonelada con acabados superiores, especialmente denominaciones como Denali, Lariat, King Ranch y Platinum. Según Pyle, estos paquetes pueden incrementar hasta un 40 % el coste del vehículo, aunque gran parte de ese sobreprecio procede del equipamiento de confort y lujo, no de una mejora equivalente en su capacidad para remolcar o transportar carga.
Por eso, la recomendación planteada en el estudio pasa por analizar primero el uso real del vehículo. Para una persona jubilada que no necesita remolcar grandes cargas, transportar maquinaria o utilizar una pick-up como herramienta de trabajo, pagar por un acabado de máxima categoría puede tener menos sentido económico. El criterio práctico debería centrarse en factores como fiabilidad, consumo, facilidad de acceso, comodidad y precio de adquisición, en lugar de acumular equipamiento que probablemente tendrá un uso limitado.
En definitiva, la lista de más de 20 vehículos y configuraciones no establece que esos coches sean malos para todos los jubilados, sino que cuestiona el valor que determinados equipamientos de lujo pueden aportar dependiendo del perfil del conductor. Modelos tan diferentes como un Porsche Cayenne, BMW X5, Mercedes Clase E, Land Rover Defender o Cadillac Escalade pueden tener perfectamente sentido para determinados compradores, pero el análisis de Pyle plantea que la decisión debería partir de las necesidades reales y no únicamente del nivel de prestaciones o exclusividad del vehículo.