Una de las características que más se le han criticado a los emblemáticos productos ingleses de Land Rover, propiedad del Grupo Tata, son registros en báscula demasiado altos. El aspecto del peso es algo a lo que la marca está prestando especial atención y este trabajo se verá reflejado en dos años, cuando el nuevo Range Rover recibirá un cambio total después de diez años en el mercado.
El objetivo de Land Rover es ambicioso, al tener como presunta meta recortar más de 400 kilos de peso con respecto al modelo que aún se vende y que, por cierto, recibió a finales de 2009 una profunda actualización.
Uno de los principales recursos para lograr un producto final más liviano sería el de la construcción en aluminio de varios componentes del chasis, tal como se ha hecho en la marca hermana de Land Rover, Jaguar, durante varios años con el sedán XJ.
Otro objetivo es cumplir las estrictas imposiciones, especialmente en el mercado estadounidense, relativas a la economía de consumo y a las emisiones contaminantes, por lo cual se tiene entre los planes una variante híbrida y el amplio uso del motor Diesel de tres litros presente en otros productos. En teoría se podrán lograr consumos de hasta 14 kilómetros por litro, algo sin precedentes en un Range Rover.
La aerodinámica también será profundamente modificada y lo primero que el público notará será una línea del techo mucho más baja que en el actual modelo.