En las sinuosas carreteras de Niza, justo por donde corre algunos días del año el célebre Rally de Montecarlo, Audi nos invitó a sentir un poco más de cerca el poderío de este nuevo supercarro, ahora carente de techo. En efecto, una lona de material textil avanzado combinada con una estructura ligera y mecanismo electrohidráulico eficiente logra la metamorfosis en apenas 19 segundos, incluso si el auto se mueve por debajo de las 30 mph.
Como ya hemos anticipado, esta versión del Audi R8 dispone del V10 de 5.2 litros y 525 HP, que se puede acoplar a una transmisión manual o de doble embrague llamada R-Tronic. Ambas poseen seis escalones, de corte deportivo, que condicionan al atmosférico a girar por arriba de las 4,000 rpm, justo donde empieza a escucharse su tono grave, seductor y muy potente.
De hecho, el enlace de curvas en la sierra francesa no permite altas velocidades –claro, la policía francesa tampoco es amable con el que excede los límites de máxima-, pero el notable chasís tolera muy bien esas exigencias. Siempre en la consideración de su actitud sobrevirante aunque tanto la doble tracción Quattro como el control de estabilidad ayudan a conservar la compostura. Claro, es posible la desconexión para los más atrevidos pues frente a una aceleración de 0 a 60 mph en 4.1 segundos pocos se puede contener.
Pese a esa nobleza, el R8 Spyder empuja como todo superauto, con ese demonio escondido dentro de los 10 cilindros que nos hace olvidarnos del futuro inmediato para concentrarnos en el instante presente cargado de adrenalina y rapidez. Una experiencia hipnótica y enriquecedora.