El Ford Bronco es uno de esos vehículos en los que sus virtudes y defectos están estrechamente relacionados. Su arquitectura está claramente orientada al todoterreno, con techo y paneles desmontables, una elevada altura libre al suelo y soluciones pensadas para superar obstáculos que dejarían atrás a la mayoría de los SUV convencionales. El problema aparece cuando toca utilizarlo como un coche normal. Después de una semana con el Bronco, queda claro que su personalidad aventurera tiene un precio, y no se trata únicamente de dinero: el ruido, los neumáticos, la suspensión y determinados acabados pueden llegar a resultar agotadores en el día a día.
Uno de los mayores atractivos del Bronco es también una de sus principales debilidades. Los paneles desmontables y el techo abierto son fantásticos cuando quieres disfrutar de una ruta, pero cuando vuelven a su sitio el aislamiento acústico queda lejos del de otros SUV modernos. Ford ha añadido material aislante para intentar reducir el ruido, aunque no consigue eliminarlo por completo. A esto se suman los enormes neumáticos disponibles en configuraciones como el paquete Sasquatch, con gomas de 35 pulgadas que ofrecen un agarre espectacular fuera del asfalto, pero generan bastante ruido en autopista y tampoco favorecen precisamente las distancias de frenado.
La suspensión sigue la misma filosofía. El Bronco está preparado para absorber obstáculos y mantener las ruedas en contacto con superficies complicadas, pero esa puesta a punto puede resultar demasiado rígida sobre determinados baches y, al mismo tiempo, transmitir una sensación de rebote e inestabilidad a velocidad elevada. En carretera tampoco es un vehículo especialmente agradable para enlazar curvas, y todo ello forma parte del compromiso necesario para conseguir las extraordinarias capacidades todoterreno que ofrece, especialmente cuando se equipa con el paquete Sasquatch.
Otro aspecto que puede hacer dudar a un comprador es el historial de llamadas a revisión asociado al modelo y a otros productos de Ford. Diferentes elementos del Bronco, desde componentes del techo hasta el motor, el sistema multimedia o determinadas ayudas a la conducción, han estado afectados por campañas de revisión en distintos momentos. Esto no significa que todas las unidades presenten problemas ni que el Bronco sea necesariamente poco fiable, pero sí añade una preocupación adicional para quien busca un vehículo de uso diario y pretende conservarlo durante muchos años.
El interior tampoco está a la altura de lo que algunos compradores podrían esperar por su precio. En las versiones más sencillas aparecen plásticos resistentes pero poco sofisticados, mientras que determinados elementos transmiten una sensación de calidad mejorable. El asidero puede presentar holguras, el reposabrazos central flexa y algunos revestimientos que imitan el cuero se sienten más cercanos al plástico que a un material premium. Subir de acabado mejora parcialmente la situación, aunque algunos componentes permanecen prácticamente sin cambios.
Y después está el precio. En 2020, un Bronco básico de dos puertas partía de 29.995 dólares, mientras que en 2026 esa misma configuración alcanza los 42.490 dólares. El incremento refleja inflación, mayores costes de producción y una estrategia que ha convertido al Bronco en un producto altamente personalizable. En el extremo superior, la gama llega a cifras cercanas a 80.000 dólares en el caso del Bronco Raptor, un nivel de precio que obliga a aceptar muchos de sus compromisos. En definitiva, el Ford Bronco sigue siendo una máquina formidable fuera del asfalto, pero quien lo compre debe asumir que sus virtudes todoterreno condicionan prácticamente todo lo demás.