El descalabro financiero fue de 4,4 millones de dólares (436.937 millones de yenes), que en realidad no preocupa el hueco en el bolsillo de los japoneses, sino el significado que esto tiene para la compañía y el sector en general.
Este debacle se dio por la reducción en las ventas globales (especialmente en Europa Central y EE.UU.), que rondaron el 21,4%. También aportó a la causa el cambio yen/dólar, que opaca los pocos beneficios obtenidos fuera de Japón.
Para este año se espera que las pérdidas sean de 550.000 millones de yenes (cerca de 5,3 millones de dólares). Gracias a un manejo adecuado desde hace años y la cantidad de ventas anuales, Toyota podrá aguantar varios años con balances más negativos sin hacer una reestructuración, pero manejará las cosas con calma.