
Toyota lleva años defendiendo que los híbridos seguirán siendo una pieza clave del mercado, incluso cuando gran parte de la industria apostó por una transición acelerada hacia los vehículos 100% eléctricos. Sin embargo, en los últimos meses la firma japonesa parecía haber cambiado de rumbo con una fuerte inversión en nuevas plataformas eléctricas, fábricas de baterías y modelos de nueva generación. Ahora, el retraso del Toyota Highlander EV vuelve a sembrar dudas sobre la velocidad con la que la compañía quiere avanzar.
El fabricante confirmó que la producción del Toyota Highlander EV 2027 se retrasará para realizar «ajustes adicionales» antes de su lanzamiento. Mientras tanto, la planta de Georgetown (Kentucky) continuará fabricando las versiones de gasolina e híbridas hasta finales de año. Aunque Toyota insiste en que se trata de una decisión técnica, diversos analistas consideran que mantener durante más tiempo los modelos de combustión responde también a una cuestión económica, ya que siguen siendo mucho más rentables para la marca.
La decisión no supone un paso atrás en la inversión realizada por Toyota. La compañía mantiene intacto su ambicioso proyecto de electrificación, que incluye una nueva planta de baterías de 13.900 millones de dólares en Carolina del Norte y la fabricación del Highlander eléctrico en Estados Unidos. No obstante, el calendario cambia y deja claro que la transición hacia el coche eléctrico será más gradual de lo previsto.

Los datos comerciales ayudan a entender esta estrategia. Durante el primer semestre del año, Toyota superó las 100.000 unidades vendidas entre Highlander y Grand Highlander en Estados Unidos, mientras que sus ventas de vehículos totalmente eléctricos apenas rondaron las 22.000 unidades en toda su gama. Esta enorme diferencia demuestra que los SUV híbridos y de gasolina continúan siendo el principal motor económico del fabricante.
Precisamente por ello, Toyota prefiere mantener la producción de los modelos con mayor demanda antes que acelerar la llegada de un eléctrico cuyo mercado todavía es mucho más reducido. La filosofía defendida durante años por Akio Toyoda, basada en ofrecer distintas tecnologías según las necesidades de cada cliente, sigue marcando buena parte de las decisiones estratégicas de la compañía.
El futuro Highlander EV, sin embargo, llegará con argumentos muy sólidos para competir. Se espera que ofrezca hasta 515 kilómetros de autonomía, recarga rápida del 10% al 80% en unos 30 minutos, compatibilidad con el estándar NACS utilizado por Tesla y tecnología Vehicle-to-Load (V2L) para alimentar dispositivos eléctricos o incluso una vivienda. Sobre el papel, será uno de los SUV eléctricos familiares más completos del mercado estadounidense.
El problema para Toyota es que la competencia no espera. Modelos como el Kia EV9, el Hyundai Ioniq 9 o el nuevo Tesla Model Y L ya están disponibles y, en algunos casos, registran un importante crecimiento en ventas. Si el retraso del Highlander EV se prolonga más allá de 2027, la firma japonesa corre el riesgo de perder terreno en uno de los segmentos eléctricos con mayor crecimiento, aunque su liderazgo mundial siga apoyándose en el enorme éxito de sus vehículos híbridos.