Volvo: máxima seguridad en sus carros para 2020

Durante una presentación del novísimo S60, Steven Armstrong, jefe de operaciones de la marca, aseguró a partir ...
08/06/2010

Javier Fueyo

Para hacer este tipo de afirmaciones, la marca se apoya tanto en el tema de la seguridad pasiva (aquellos elementos que funcionan cuando el accidente ya ocurrió, léase bolsas de aire) como en la activa (sistemas que trabajan para evitar el accidente, como el ABS y el ESP), y es en ésta última en donde Volvo está poniendo especial atención y trabajo.

En este ámbito existen dos sistemas que la marca ya monta de serie en varios modelos, como el que detecta peatones para evitar atropellamientos y el City Safety, gracias al cual el auto es capaz de frenar por si sólo si existiera algún obstáculo en su trayectoria (mientras la velocidad no exceda las 22 mph). Este sistema también incluye elementos como el aviso ante cambio de carril involuntario y un control de crucero activo capaz de reducir y recuperar velocidad de acuerdo a las condiciones del tránsito.

En cuanto a elementos de nuevo desarrollo se encuentra un dispositivo que mediante un GPS y la red GSM del celular puede, literalmente, ponerse en contacto con el resto de los autos y saber cuántos y exactamente en qué momento aparecerán a la vuelta de la esquina.

Y si esto ya parece ambicioso o futurista, el proyecto más grande en seguridad sobre el que trabaja la marca consiste el una interfaz montada sobre el control de crucero activo, con la que el auto se enlazaría con los demás coches para formar una especie de “tren de carretera”, sin vínculos físicos, sin “maquinista” y sin posibilidad de choque por alcance.

No obstante y a pesar de las declaraciones de Armstrong, el plan 2020 parece al día de hoy algo utópico y poco probable. Es cierto que Volvo ha sido de las marcas que más han gastado en seguridad en la historia (fue la que inventó el cinturón de seguridad de tres puntos a finales de los cincuenta) y que entre 1989 y 1993 nadie murió a bordo de su Volvo 240, pero esas estadísticas parece que no bastan para tal vaticinio.

Nadie pone en tela de juicio tales avances, por el contrario, merecen un lugar especial en la historia del automóvil, pero es que no todo dependerá de los “autos robotizados”; no podemos hacer de lado factores que también deberán de cambiar para que las innovaciones de Volvo (y de cualquier otra armadora) funcionen, como la cultura vial y el estado de las avenidas y carreteras, por ejemplo.

 

 

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