La fórmula aplicada por Schaeffler y Porsche, está en utilizar componentes del primera fabricante en piezas de la transmisión y suspensión que disminuyen la fricción de partes móviles. Porsche ajustó todo el conjunto para ofrecer la precisión típica del fabricante.
El motor V8 de la Cayenne que se utilizó, recibe válvulas electromecánicas en vez de las hidráulicas de serie, nuevas correas de transmisión y en los asientos de las válvulas, con lo cual se consigue 5,8% de ahorro. Otro 1,1% se logra al sustituir los rodamientos con rodillos cónicos en los diferenciales por unos que emplean dos filas de agujas de contacto angular. Gracias a esto, la fricción se ha reducido 35% en el tren delantero y 42% en el trasero.
El restante ahorro conseguido en la Cayenne V8 está centrado en el cambio de las estabilizadoras hidráulicas, por unas de control electromecánico y que emplean bujes de rueda con menor rozamiento. Ahora todos los sistemas de control son eléctricos, que solo utilizan energía cuando funcionan, a diferencia de los hidráulicos que siempre requieren algo de energía.