Los estadounidenses quieren coches eléctricos, pero hay un problema: cada vez tienen menos modelos entre los que ...

El encarecimiento de la gasolina ha impulsado el interés por los vehículos eléctricos en Estados Unidos, pero ...
16/10/2026

Rancez Damian

El encarecimiento de la gasolina ha impulsado el interés por los vehículos eléctricos en Estados Unidos, pero la reducción de la oferta y la desaparición de ayudas dificultan su compra.

El mercado del automóvil estadounidense atraviesa una paradoja: muchos conductores buscan alternativas a la gasolina, pero cada vez encuentran menos coches eléctricos asequibles en los concesionarios. El aumento del precio del combustible durante 2026 ha vuelto a poner sobre la mesa las ventajas de la movilidad eléctrica, aunque las ventas no han respondido como algunos esperaban. La explicación no estaría únicamente en las preferencias de los compradores, sino también en la disponibilidad de vehículos, las decisiones de los fabricantes y los cambios en las políticas públicas que han alterado el sector.

La subida del combustible ha sido uno de los factores que ha reactivado el interés por los vehículos electrificados. Entre marzo y mayo de 2026, las ventas de híbridos aumentaron un 18 % frente al mismo periodo del año anterior, mientras que las de coches completamente eléctricos cayeron un 16 %. Sin embargo, estas cifras no significan necesariamente que los conductores hayan perdido el interés por los eléctricos. La diferencia fundamental está entre querer comprar un coche eléctrico y encontrar un modelo que se ajuste al presupuesto y a las necesidades de cada familia.

Uno de los principales obstáculos se encuentra en la producción. Tras la eliminación de los créditos fiscales federales para la compra de vehículos eléctricos, efectiva desde el 30 de septiembre de 2025, varios fabricantes ajustaron sus planes y redujeron inversiones o producción. Ford, por ejemplo, anunció cambios importantes en su estrategia eléctrica, mientras que General Motors también modificó operaciones relacionadas con sus vehículos y baterías. Estas decisiones han limitado la llegada de nuevas unidades al mercado justo cuando el encarecimiento de la gasolina ha vuelto más atractiva la posibilidad de abandonar los motores de combustión.

Menos oferta, descuentos más pequeños y coches usados más caros

Los datos de inventario reflejan este cambio. La disponibilidad de coches eléctricos nuevos pasó de unos 130 días de suministro durante el primer trimestre de 2026 a aproximadamente 78 días en agosto. Al mismo tiempo, los descuentos medios sobre el precio anunciado se redujeron: del 9,8 % en febrero al 4,7 % en junio. Cuando hay menos vehículos disponibles y aumenta el interés de los compradores, los concesionarios tienen menos incentivos para ofrecer grandes rebajas. Para quienes buscan un eléctrico nuevo, esto puede traducirse en menos oportunidades de conseguir una buena oferta.

El mercado de segunda mano también ha notado la presión. Los precios de los coches eléctricos usados aumentaron un 13 % desde el inicio de la crisis energética hasta finales de junio de 2026, lo que supone alrededor de 3.500 dólares adicionales para un vehículo típico. El Chevrolet Bolt de 2023, por ejemplo, registró una subida cercana al 20 % entre enero y junio, según los datos citados en el análisis original. Además, en mayo solo había suministro para unos 31 días de eléctricos usados, un 23 % menos que un año antes. La escasez está encareciendo también una de las alternativas que tradicionalmente permitía acceder a la movilidad eléctrica por menos dinero.

Otro factor decisivo es la limitada variedad de modelos asequibles. En Estados Unidos, el precio medio de un coche eléctrico nuevo ronda los 55.000 dólares, frente a unos 50.000 dólares para el conjunto de los vehículos nuevos, según las cifras citadas por Kelley Blue Book. La situación contrasta con la oferta de China, donde los compradores podían elegir entre más de 130 modelos eléctricos por debajo de los 40.000 dólares en 2024; en Estados Unidos solo había cuatro opciones por debajo de ese umbral. Los aranceles y las restricciones a los fabricantes chinos dificultan que esos modelos lleguen al mercado estadounidense, mientras que la desaparición de los incentivos reduce el apoyo económico a los compradores.

El futuro del coche eléctrico en Estados Unidos dependerá, por tanto, de algo más que la autonomía, la velocidad de carga o la evolución de las baterías. Los fabricantes tendrán que ofrecer modelos competitivos y accesibles, mientras que las políticas comerciales y fiscales seguirán condicionando qué vehículos pueden venderse y a qué precio. La caída de las ventas no demuestra por sí sola que los estadounidenses rechacen los eléctricos: también refleja un mercado con menos opciones asequibles y una oferta que no siempre responde a la demanda. Si los precios de la gasolina se mantienen elevados, la presión para ampliar la variedad de modelos podría aumentar durante los próximos meses.