El Plymouth Fury de 1958 alcanzó una fama extraordinaria gracias a su protagonismo en Christine, la película basada en la novela de Stephen King. Su llamativa carrocería roja y dorada escondía un motor V8 de 318 pulgadas cúbicas con 290 CV, una mecánica que también contribuyó a darle personalidad al automóvil en la gran pantalla. Aunque nació como un modelo de tamaño completo destinado al público estadounidense, su aparición cinematográfica terminó convirtiéndolo en uno de los Plymouth más reconocibles de todos los tiempos. Décadas después, sigue siendo una de las referencias más populares para los aficionados a los coches clásicos y al cine de terror.
El Plymouth Barracuda llegó en 1964 como una variante deportiva del Valiant, con una característica carrocería fastback que le permitió desarrollar una identidad propia. Su diseño lo convirtió en uno de los modelos más interesantes de la primera generación de deportivos compactos estadounidenses y, con el paso de los años, evolucionó hasta convertirse en un auténtico muscle car. Su trayectoria terminó el 1 de abril de 1974, exactamente diez años después de su lanzamiento. Una década de producción en la que el Barracuda consiguió hacerse un hueco entre los deportivos americanos más recordados de su época.
El Plymouth Road Runner de 1968 fue uno de los muscle cars más representativos de la marca gracias a su combinación de precio asequible y potencia. Su motor de acceso era un V8 de 383 pulgadas cúbicas que entregaba 335 CV, aunque también podía equipar el impresionante 426 Hemi de 425 CV. Plymouth fabricó 44.599 unidades durante aquel año, con un precio inicial de 2.870 dólares. Sin embargo, solo 840 compradores eligieron la opción Hemi, lo que convierte a esa configuración en una de las más exclusivas. Su nombre y su famoso sonido de bocina inspirado en el personaje de dibujos animados terminaron de darle una personalidad inconfundible.
El Plymouth Superbird de 1970 fue desarrollado para competir en NASCAR y cumplir con los requisitos de homologación de la categoría. Su enorme alerón trasero y su pronunciado frontal aerodinámico respondían a necesidades de competición, aunque también hicieron que su aspecto resultara completamente diferente al de cualquier otro Plymouth de calle. La marca tuvo que fabricar 1.920 unidades para homologarlo, mientras que Richard Petty consiguió una temporada espectacular al ganar 18 de las 40 carreras disputadas aquel año. El Superbird demostró que su diseño extremo no era una simple cuestión estética: estaba pensado para mejorar el rendimiento a alta velocidad y conseguir resultados en los circuitos.
El Plymouth Duster de 1973 desempeñó un papel fundamental en el mejor año comercial de la historia de la marca. Según la cronología histórica de Stellantis, este coupé compacto contribuyó a que Plymouth alcanzara su máximo registro de ventas. Su planteamiento combinaba unas dimensiones relativamente contenidas, una carrocería deportiva y un precio más accesible que el de los grandes muscle cars. El éxito del Duster refleja el buen momento que atravesaba Plymouth a comienzos de los años setenta, cuando todavía contaba con una gama capaz de competir en diferentes segmentos del mercado estadounidense.
El Plymouth Volare consiguió uno de los reconocimientos más importantes de la industria estadounidense al ser elegido Motor Trend Car of the Year en 1976. Este premio convirtió al modelo en uno de los grandes protagonistas de la gama Plymouth durante aquella década y le permitió destacar más allá de su planteamiento como automóvil compacto. Su reconocimiento llegó en una etapa de transición para la marca, después de los años de mayor protagonismo de los muscle cars y antes de la llegada de otros modelos que también conseguirían importantes galardones. A pesar de que hoy no tiene la popularidad de un Road Runner o un Superbird, su premio sigue siendo uno de los hitos de la historia de Plymouth.
El Plymouth Horizon volvió a colocar a la marca entre los grandes protagonistas del mercado estadounidense al compartir con el Dodge Omni el premio Motor Trend Car of the Year de 1978. Ambos modelos estaban estrechamente relacionados y representaban una nueva generación de automóviles compactos con carrocería hatchback. Aunque el galardón también reconocía al modelo de Dodge, supuso un nuevo éxito para Plymouth apenas dos años después del premio conseguido por el Volare. Esta etapa confirmó que la compañía podía destacar tanto con sus deportivos tradicionales como con propuestas más pequeñas y adaptadas a las nuevas necesidades del mercado.
El Plymouth Reliant fue uno de los modelos más importantes de la etapa final de la marca durante los años ochenta. Lanzado en 1981 sobre la plataforma K de Chrysler, consiguió el premio Motor Trend Car of the Year de ese mismo año y alcanzó una producción aproximada de 1,1 millones de unidades. Su éxito comercial demostró la importancia de los automóviles compactos y prácticos en un mercado que estaba cambiando rápidamente. Además, el reconocimiento de Motor Trend supuso el tercer gran premio para Plymouth en apenas cinco años, después de los obtenidos por el Volare y el Horizon.
La Plymouth Voyager de 1984 fue una de las grandes pioneras del segmento de los monovolúmenes o minivanes, una categoría que terminaría transformando el mercado familiar estadounidense. Según el registro de Hagerty Drivers Foundation, el modelo ayudó a inaugurar este tipo de vehículo y consiguió vender 210.000 unidades antes de finalizar 1984. Su motor de cuatro cilindros desarrollaba apenas 96 CV, pero su principal atractivo estaba en el aprovechamiento del espacio interior y su versatilidad. La Voyager demostró que no siempre era necesario ofrecer una mecánica potente para conseguir un éxito comercial: su concepto práctico terminó influyendo en toda una generación de vehículos familiares.
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