Doane Spencer compró este Ford Deuce de 1932 por 500 dólares en 1944 y comenzó a transformarlo en uno de los hot rods más influyentes de su generación. Eliminó los guardabarros originales para dejar al descubierto la suspensión y montó un motor V8 Mercury Flathead de 1946, equipado con culatas Ord y dos carburadores. También incorporó un parabrisas dividido de George DuVall, una solución que se estrenó en este mismo coche. Su rendimiento quedó demostrado en el lago seco de El Mirage, donde alcanzó 126,76 mph (204 km/h) en 1950. Aunque Spencer llegó a prepararlo para disputar la Carrera Panamericana de México, finalmente nunca participó en ella. Bruce Meyer lo adquirió en 1995 y So-Cal Speed Shop se encargó de restaurarlo. En 1997 ganó su categoría en Pebble Beach, durante el primer año en que los hot rods pudieron competir en el certamen.
El Ford Roadster de Bob McGee ocupa un lugar especial en la historia de esta cultura porque fue el primer coche de calle que apareció en la portada de la revista Hot Rod. McGee comenzó a construirlo en 1947 y lo pintó de un llamativo color rojo, una imagen que contribuyó a popularizar los hot rods en todo Estados Unidos. Con el paso de los años, el vehículo recibió diferentes modificaciones estéticas, entre ellas una pintura Candy Apple Red con partículas plateadas. Bruce Meyer lo restauró a finales de los años noventa para recuperar su aspecto original de 1948. El 12 de abril de 2017 ingresó en el National Historic Vehicle Register, donde se convirtió en el único hot rod de la lista. En 2023, Meyer lo donó al Petersen Automotive Museum, donde se conserva una de las máquinas más representativas de esta tradición.
Bill NieKamp dedicó aproximadamente 2.200 horas a construir este Ford Roadster de 1929, terminado en 1949. Su proyecto se distinguió por combinar piezas de diferentes fabricantes y épocas: utilizó un chasis Essex de 1927, un eje trasero Ford de 1939 y pilotos traseros de un Plymouth de 1949. También fabricó artesanalmente el panel inferior de aluminio, el capó y el frontal. El resultado conquistó al público en el Oakland Roadster Show de 1950, donde se convirtió en el primer ganador del trofeo America’s Most Beautiful Roadster (AMBR). Su mecánica era un V8 Mercury de 1942 modificado, cuya potencia original rondaba los 100 CV. Sin embargo, no era únicamente un coche de exposición: en julio de 1952 alcanzó 142,40 mph (229 km/h) en El Mirage, demostrando que también podía competir al máximo nivel.
Ray Brown comenzó a construir este Ford Deuce cuando apenas tenía 16 años, una muestra del espíritu artesanal que impulsó la cultura hot rod estadounidense. Lo preparó para competir en las pruebas de la SCTA sobre el lago seco de El Mirage, donde participaba con el dorsal 99C. Según los registros de la American Hot Rod Foundation, el vehículo consiguió 11 registros de velocidad, con marcas que se situaban en torno a las 125 mph (201 km/h). Aquellos resultados ayudaron a impulsar la carrera profesional de Brown, que abrió su propio negocio, Ray Brown Automotive, cuando tenía solo 21 años. Allí trabajó junto al especialista en motores Flathead Tommy Sparks. Más adelante, también formó parte del consejo asesor original de la fundación. Su historia resume una de las grandes características de los hot rods: coches construidos por jóvenes aficionados que terminaban convirtiéndose en auténticas máquinas de competición.
El So-Cal Speed Shop, fundado por Alex Xydias en Burbank el 3 de marzo de 1946, fue responsable de uno de los vehículos de competición más originales de la posguerra. Su equipo desarrolló un lakester utilizando el depósito externo de combustible de un avión de combate P-38 Lightning. La idea surgió después de que Bill Burke probara con un depósito más pequeño procedente de un P-51 Mustang, pero necesitara más espacio para construir una máquina competitiva. El equipo llegó a utilizar tres motores Ford V8 Flathead diferentes y consiguió establecer cinco récords de velocidad. Su mejor registro combinado fue de 198,340 mph (319 km/h) en 1952, un resultado extraordinario para un coche con una carrocería tan poco convencional. Ese mismo año, la revista Mechanix Illustrated reconoció al equipo de So-Cal como el número uno de las carreras. Su supervivencia también lo convierte en una pieza excepcional, ya que muchos vehículos similares acabaron desguazados durante las décadas de 1950 y 1960.
Tom Beatty, de Sun Valley, California, construyó este lakester utilizando el depósito externo de combustible de un avión de combate, una solución muy habitual entre los preparadores estadounidenses después de la Segunda Guerra Mundial. Su principal diferencia estaba en la mecánica: incorporaba un V8 Oldsmobile de 260 pulgadas cúbicas (4,3 litros), sobrealimentado y con distribución OHV, capaz de desarrollar unos impresionantes 400 CV. Con un peso total de apenas 2.165 libras (982 kg), ofrecía una relación de 5,4 libras por caballo de potencia. Su rendimiento quedó demostrado en las Bonneville National Speed Trials, donde fue el más rápido de su categoría en 1951, 1952, 1955, 1959 y 1962. Cinco victorias repartidas a lo largo de once años reflejan la calidad de su planteamiento técnico. Actualmente, este vehículo histórico forma parte de la exposición Driven to Win del museo The Henry Ford, situado en Dearborn, Michigan.
El Beatnik Bandit es una de las creaciones más reconocibles de Ed «Big Daddy» Roth y una auténtica referencia del diseño de los hot rods personalizados. Construido entre 1960 y 1961 junto a «Dirty Doug» Kinney en un pequeño garaje, nació a partir de una ilustración de Joe Henning para la revista Rod and Custom. Su espectacular carrocería artesanal de fibra de vidrio ocultaba un chasis Oldsmobile de 1950 acortado y un motor V8 Oldsmobile de 303 pulgadas cúbicas (5 litros), sobrealimentado y con dos carburadores Stromberg. Fue el primer vehículo de Roth con una característica cúpula transparente, mientras que sus mandos se accionaban mediante una palanca similar a la de un avión. Aunque nunca fue especialmente práctico para circular por carretera, su diseño conquistó al público. Mattel lo convirtió en uno de los primeros coches de Hot Wheels y Revell comercializó una maqueta. Tras ser restaurado por el empresario William Harrah, terminó convirtiéndose en una de las piezas destacadas del National Automobile Museum de Reno.
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